Alrededor de Dudus todo está polarizado. Violento mafioso para unos, casi un mesías para otros. Estados Unidos lo considera uno de los narcotraficantes más peligrosos del mundo, que introduce marihuana y cocaína en ese país y en Canadá y trafica con armas.
Es el líder del clan Shower Posse, la banda de la ducha, conocida por regar sus víctimas a balazos y acusada de cientos de muertes durante las guerras del tráfico de cocaína de los años 80. Se enfrenta a cargos que podrían suponer cadena perpetua.
Responde al nombre de Christopher Coke, de 42 años. Con el cabello y la barba cortados a cepillo y reacio a exhibirse en los medios de comunicación, el discreto Dudus reparte alimentos entre los más necesitados y ejerce de mediador en conflictos. E incluso, ante la insuficiencia de la administración pública, ofrece ayudas para que la gente pueda acceder a servicios educativos y sanitarios. Por algo lo llaman Presi (Presidente) o Boss (Jefe). No es extraño que muchos de sus partidarios estén dispuestos a dar su vida por el Jefe.
El mismo hombre que es considerado como un nuevo mesías por sus partidarios, sin embargo, es quien se ha enriquecido durante años no sólo gracias al narcotráfico, sino mediante proyectos inmobiliarios financiados con fondos públicos. Su pujanza ha sido tal que ha erigido una microeconomía compuesta de pequeños trabajos atribuidos a sus clientes, un medio de vida muy valioso en un país depauperado de 2,8 millones de habitantes.
Su influencia abarca la política y alcanza al Ejecutivo y la oposición. Gracias a esta influencia ha convertido Tivoli Gardens en un Estado dentro del Estado, cuya gente hoy se niega, a muerte, a entregarlo a EEUU.






