Se agrietan las relaciones entre Brasil y EEUU tras el acuerdo impulsado por la potencia sudamericana y Turquía con Irán para gestionar el controvertido programa nuclear iraní.
El jueves, en una disertación en el Brookings Institution en Washington, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, no se anduvo por las ramas: «Le hemos dicho al presidente Lula y al canciller Celso Amorim que hacer que Irán gane tiempo hace que el mundo sea más peligroso… Vamos a seguir insistiendo en que los iraníes están utilizando a los brasileños para ganar tiempo».
Respondió raudo, y también sin medias tintas, el presidente Lula da Silva, quien acusa a las grandes potencias de hipocresía. A su juicio, o nadie tiene la bomba o no se puede negar a nadie el derecho a tenerla. «La energía nuclear debe ser un instrumento para el desarrollo, no una amenaza», apuntó el mandatario brasileño en el III Foro de la Alianza de Civilizaciones.






