A falta de 17 días para las elecciones presidenciales en Brasil, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva perdió ayer a una ministra que trabajó codo a codo con la candidata oficialista Dilma Rousseff y renunció acusada de corrupción.
La dimisión de Erenice Guerra al cargo de ministra de la Presidencia que había heredado de Rousseff, en marzo pasado, cuando ésta aceptó ser candidata presidencial, fue anunciada por el portavoz de Lula, Marcelo Baumbach, y fue el corolario de una semana de denuncias de tráfico de influencias en el seno del poder.
Desde hace varios días, la prensa local ha ventilado supuestas irregularidades en las que estaría implicado Israel Guerra, hijo de la ministra, quien actuaría como intermediario en la concesión de créditos oficiales o la adjudicación de contratos con el Estado.
La última de las denuncias fue publicada ayer por la Folha de Sao Paulo, que fue más allá e involucró a Guerra en unas maniobras que al parecer habría hecho su hijo para que una empresa obtuviera un millonario préstamo del estatal Banco de Desarrollo Económico y Social (BNDES).
En la carta a Lula en la que comunicó su «renuncia irrevocable» al cargo, Guerra se dijo víctima de una «implacable campaña» de «difamaciones» al calor de la disputa electoral. «El objetivo» de las denuncias, según Guerra, es «crear en forma artificial un clima de escándalo» que afecte al Gobierno y a la campaña de Rousseff.






