«Yo llegué el día después del accidente y desde entonces estoy aquí», cuenta orgullosa Marion, de ocho años, quien espera que sea rescatado su abuelo, uno de los 33 mineros atrapados desde el 5 de agosto. Como ella, otros niños cambiaron las aulas por las carpas del Campamento Esperanza.
Marion es alumna del colegio Arauco, de La Serena, a unos 400 km de la Mina San José, y hace más de un mes y medio que no acude a clases.
Su abuela, Lilian Ramírez, explica que su nieta no ha podido ir al colegio desde que su abuelo quedó atrapado porque su familia se trasladó al campamento en las afueras del yacimiento y «no teníamos con quién dejar a los niños». Junto a Marion esperan sus dos hermanos menores.
La situación preocupa a su familia, que pidió al colegio enviar el temario para repasar las materias con un profesor que visita el campamento para ver a los niños, enviado por un municipio cercano a la mina.
Como Marion, hay otra decena de niños que están allí de manera permanente y no han regresado al colegio. El último fin de semana (con cuatro días feriados por el Bicentenario de la Independencia) el número de menores subió a 25.
Arturo, de cuatro años e hijo del minero Víctor Zamora, no acude a clases desde el día del accidente pero se apronta a retornar a clases. «Mañana lo llevo al colegio, porque si no le va a caducar la matrícula», anunció ayer a la AFP su madre, Yessica Cortés.






