El tradicional último debate entre los candidatos a las presidenciales en Brasil en la red nacional Globo ha definido en el pasado en más de una ocasión el resultado de las elecciones.
En la noche del jueves, ese debate, con una audiencia récord de cerca de tres millones, frustró a los 135 millones de electores, ya que los dos grandes contendientes, Dilma Rousseff, la candidata de Lula, y José Serra, el postulante más fuerte de la oposición, se ignoraron hasta el punto de no hacerse entre ellos una sola pregunta.
Ninguno de los temas candentes de la campaña: el aborto, los escándalos de corrupción en el Gobierno o las duras críticas del presidente Luiz Inácio Lula da Silva a los medios de comunicación, tres asuntos que le habían hecho perder seis millones de votos a Rousseff, aparecieron ni una sola vez en los 100 minutos de debate.
El miedo a enfrentarse con la candidata a la que los sondeos dan como probable ganadora hoy, convirtió el tan esperado duelo en una conversación «entre monjitas», como comentó un analista independiente.
La candidata verde, Marina Silva, que es la que más ha crecido en los últimos días en los sondeos, tampoco quiso enfrentarse con la favorita.
A la candidata oficial la falta de debate y de preguntas polémicas le evitaron tener que defender sus propuestas, que a estas alturas y en vísperas de ser la nueva presidenta de Brasil, nadie conoce aún, ya que a las preguntas sobre sus proyectos, responde siempre con lo que ya ha hecho por Brasil su tutor Lula.
Jocosamente la oposición la llama «un genérico de Lula». Antes del debate, Lula apareció en anuncios durante la telenovela de Globo para decir: «Quien vota a Dilma, me vota a mí». Preguntada la candidata sobre si en el 2014 dejaría, en caso de ser elegida, que Lula dispute las elecciones respondió: «Lula me ha pedido que nunca responda a esa pregunta».
Unos 1.900 brasileños votarán en Bolivia
El Consulado General de Brasil en La Paz ya tiene listo su recinto electoral en el que espera recibir hoy a unos 400 electores, residentes en la sede de gobierno, quienes elegirán al próximo presidente de su país. Sin embargo, la ciudad con más votantes es Santa Cruz.
De acuerdo con la información de la Embajada de Brasil, en Bolivia se instalarán tres mesas electorales, en los consulados de La Paz, Santa Cruz y Cochabamba.
En la capital oriental se espera la votación de 1.200 personas, en la ciudad del Valle 300 y con los 400 electores de La Paz se prevé un total de 1.900 votantes. Más allá de la presencia de brasileños en Bolivia y viceversa, la relación entre ambos países, pese a las enormes diferencias, es muy estrecha y de larga historia.
Un reporte de BBC Mundo señala que el destino quiso que Bolivia, el país más pobre de Sudamérica, fuera también el vecino del más rico de la región, Brasil. A partir de esa definición se trata de precisar esa relación. Sin embargo, los analistas parecen no ponerse de acuerdo.
El ex canciller Armando Loaiza le explica a BBC Mundo que las relaciones entre ambos países «son asimétricas» porque «Brasil es un imperio con el cual debemos convivir, es como el caso de México con Estados Unidos, les guste o no, son vecinos obligados».
En cambio, el ex canciller Javier Murillo considera que se consolidó una «cooperación estratégica» entre un país grande y uno pequeño y no una relación de dependencia. Gran parte de la economía boliviana se mueve gracias a la venta de gas natural a Brasil.
Pero, sin tomar en cuenta el energético, la balanza comercial es desfavorable a Bolivia en más de 700 millones de dólares. El gerente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior, Gary Rodríguez, en entrevista con la BBC Mundo lamenta esta relación «de conveniencia para Brasil» y dice que para ese país, Bolivia es «sólo gas y nada más».






