Mientras el taxi amarillo y negro va reptando hacia la zona Juan Pablo II, en el barrio de Las Tomas, el conductor José Castillo pregunta: «¿Va donde el rock star Mamani?». Después de unos minutos, señala hacia arriba de la calle, donde está la casa de Carlos Mamani, el boliviano, quien junto a otros 32 mineros fue rescatado de la mina San José.
En la puerta hay tres equipos de prensa a la espera de cualquier noticia, pero nada. La jornada de los Mamani Quispe fue de fiesta. Y, al menos toda la jornada de ayer, no tuvo contacto con los medios de comunicación. Lo único que se escuchaba desde la calle era música del grupo Néctar y esporádicas risas.
De nada le sirvió a Simón Romero mostrar su credencial de The New York Times, la familia le dijo que no. Él comentó a los periodistas: «Esta es la nota que más me interesa porque se trata de una familia migrante, hay mucho que contar».
Durante la tarde la única noticia que se consiguió desde la vereda de su casa, fue la salida de familiares. Mientras unos iban a comprar, los hermanos salieron a tomar aire y les dijeron que «no» a los periodistas, desde la puerta, tras el requerimiento de ver al minero. El suegro Jhonny Quispe sugirió que los medios vuelvan hoy, que a lo mejor había suerte.
Pero suerte era lo que menos tenían los periodistas. Por ejemplo, La Razón estuvo coordinando una cita desde las 10.00; y Verónica Quispe sólo dijo que la mayor parte de la gente estaba durmiendo. «Llama a las seis más o menos a ver si hay alguien», comentó por teléfono.
Y por la tarde el panorama no cambió. Sin embargo, un allegado de Carlos dijo que la reunión fue familiar y entre amigos. Contó que consumieron bastantes bebidas alcohólicas y un almuerzo preparado por la familia política del minero.
En la fiesta de bienvenida, Carlos estaba alegre, firmó autógrafos, firmó banderas bolivianas. Y también se dio tiempo para colgar en la cabecera de la mesa la bandera nacional firmada por sus 32 compañeros.
Cada uno vela por su salud desde ayer
Según datos extraoficiales de los medios locales, la mayoría de los rescatados descansaban porque recién recibieron el alta médica. Hasta ayer sólo dos quedaron en «observación». Pasadas las siete de la noche, luego de la última conferencia de prensa de los médicos, la normalidad intentó apoderarse nuevamente del hospital copiapino. Sin embargo, aún a esa hora había equipos de prensa preparando la retirada.
La Razón habló con un personero médico sobre los posibles problemas que acarrearía el consumo de alcohol en los rescatados. Éste dijo que el nosocomio los había dado de alta y que su salud era, ahora, responsabilidad de la Asociación Chilena de Seguridad y de cada uno de los mineros rescatados.
Pese a esas recomendaciones, los Mamani celebraban, mientras, a eso de las ocho de la noche, Simón Romero, del The New York Times, aún esperaba en la puerta.





