El papa Benedicto XVI desató la euforia ayer sábado en la plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela, en la que lo esperaban desde primeras horas de la mañana miles de fieles deseosos de asistir a la eucaristía que celebró el Santo Padre.
El Pontífice llegó con unos 40 minutos de retraso a la plaza, enfrente de la catedral compostelana, aunque los más de 6.000 asistentes a la celebración no notaron la tardanza, en medio de un gran ambiente festivo.
«¡Esta es la juventud del Papa!», «¡Se nota, se siente, el Papa está presente!» o «¡Viva el Papa, oé!» eran algunas consignas coreadas por los presentes, especialmente por los miles de jóvenes presentes.
Las banderas del Vaticano, de Galicia, pero también de España u otros países como México o Polonia, así como los gritos de ánimos al Papa arreciaron con más fuerza una vez que el «Papamóvil» hizo su aparición en la famosa plaza, encuadrada entre la catedral, que cumplirá el octavo centenario de su consagración el próximo año, y el pazo de Rajoy, que alberga el ayuntamiento compostelano y el gobierno regional.
La entrada del Papa se vio precedida por la de los príncipes de Asturias, Don Felipe y Doña Letizia, que tomaron asiento en el escenario blanco, que preside una imagen de la Virgen del Carmen, a la derecha del altar, desde donde se lleva a cabo la eucaristía.
«Es realmente emocionante. Es un gran momento para mí. Poder ver tan cerca al Papa», afirmó Pedro Rodríguez, de 30 años que, acompañado de su mujer, logró hacerse con uno de los asientos distribuidos en la plaza para acoger a público y personalidades.






