Las autoridades nigerianas intentaban ayer contener la violencia que sacude al país, tras una serie de atentados con bombas y ataques contra iglesias sin precedentes que provocaron la muerte de 38 personas la víspera de Navidad.
En total, 32 personas murieron y 74 resultaron heridas debido a siete explosiones en dos lugares diferentes de la ciudad de Jos (centro), el norte, mayoritariamente musulmán, y el sur, principalmente cristiano, según la Policía. La mayoría de las víctimas realizaba compras navideñas cuando ocurrieron los hechos.
En la ciudad de Maiduguri (norte), presuntos miembros de una secta islamista atacaron tres iglesias, quemando una y ocasionando la muerte de seis personas, dijo un portavoz del Ejército. Inicialmente no se había establecido relación entre las dos series de ataques y atentados ocurridos en la víspera de la Navidad en el país más poblado de África (150 millones de habitantes).
Las tensiones entre cristianos y musulmanes se exacerban en Nigeria al tiempo que se acercan las elecciones presidenciales de abril. El presidente, Goodluck Jonathan, prometió que se «haría todo lo necesario para que los responsables de las explosiones mortales sean entregados a la justicia».
La Policía nigeriana hacía esfuerzos por calmar la situación el sábado, luego de que habitantes de Jos señalaron que un grupo de jóvenes había incendiado cinco vehículos e instalado una barricada sobre la ruta que conduce al lugar en el que ocurrió uno de los ataques explosivos.
«Es la primera vez que se utilizan explosivos de tanta potencia», aparentemente con dinamita, dijo el comisario Abdulrahman Akano, de la Policía del estado de Plateau, cuya capital es Jos.






