Desempleo o «reordenamiento laboral»; trabajadores «disponibles» o parados… como se le quiera llamar al proceso que viene, es igual: para el Gobierno de Raúl Castro y para los 11 millones de cubanos, llegó el día D. Ha comenzado por los ministerios de la Industria Azucarera, Agricultura, Construcción, Salud Pública y el sector del Turismo.
En los próximos seis meses desaparecerán 500.000 puestos de trabajo, primera fase de un plan para limpiar las «plantillas infladas» durante medio siglo. El propósito es que en tres años el Estado se deshaga de 1.300.000 empleados, un 25 % del total.
La reconversión es de calibre pesado, o al decir de un economista cubano, «digna de un ajuste del Fondo Monetario Internacional»: lo estipulado es que se compense a los trabajadores «sobrantes», a razón de un mes de salario por cada diez años trabajados, en algunos casos puntuales con alguna ayuda extra.
El salario medio es de unos 410 pesos cubanos (equivalente a 20 dólares), y aunque mucha gente no puede vivir de su sueldo, llega a fin de mes gracias a lo que «resuelve» en su centro laboral. «Es fácil de entender que salir fuera del circuito estatal representa saltar al vacío», señala un académico.
El Estado ya ha dicho que sólo puede hacer una oferta de empleo, y no a todos, en sectores como el de la agricultura o la construcción. El que no acepte la propuesta, ha de buscarse la vida como pueda en el sector privado o cooperativo.
Incertidumbre por el recorte en la isla
Leticia es enfermera desde hace 20 años en un geriátrico de La Habana, con un sueldo que apenas le da para mantener a sus hijos. Pero no sabe hacer otra cosa y teme perder su empleo.
«No es fácil lo que viene. ¿Para dónde voy a ir? Independientemente de la preocupación, veo incertidumbre», declaró Leticia Albert, de 40 años. Aunque se queja del salario mensual de 512 pesos (unos 20 dólares), está preocupada porque lleva sólo cuatro años en el Centro Geriátrico de La Habana Vieja, y cree que los nuevos serán los primeros en ser despedidos.
«Nerviosismo no existe, pero preocupación sí. Es un tema que no se puede pasar por alto», dijo Yanelys Coello, quien es cajera en el café El Escorial.






