Wallace permitió el desalojo oportuno en un barrio de Areal
Con su coche y su altoparlante, Wallace se ha convertido en el personaje más popular de Areal, un pueblo de la sierra de Río de Janeiro en el que, pese a la crecida de las aguas y los deslaves que devastaron la zona, no hubo que lamentar víctimas mortales.
La mañana del 12 de enero, el aviso partió de Quanta Geraçao, la gestora de la represa situada sobre este pueblo de 14.000 habitantes, que alertó al ayuntamiento de la apertura inminente de las compuertas.
El ayuntamiento a su vez rebotó el aviso a Wallace Santos Machado, de 23 años. Subcontratista habitual en la alcaldía, que de ordinario se encarga del anuncio de eventos con su coche y su altoparlante, no se lo pensó y salió con su vehículo para alertar a los vecinos.
«Estaba con mi madre y mi hermana. Me dijeron que no fuera al barrio de Amazonas, justo debajo de la represa, porque arriesgaba mi vida. Pero yo me dije: con mi vida puedo salvar a 300 ó 500 personas».
«En un momento dado, el carro se me trabó en el barro. Sentí desesperación», añade Wallace, que ahora cuenta que cuando va al barrio de Amazonas «la gente me abraza y me besa de gratitud».
A diferencia de las localidades de Petrópolis (a 30 km), Teresópolis o Nova Friburgo, los municipios más devastados por las lluvias torrenciales que dejaron un total de 744 muertos, Areal se vio sorprendido por la crecida al mediodía, lo que ayudó a las tareas de evacuación.






