A la sombra de la Esfinge y de las pirámides de Gizeh, cientos de guías suplicaron ayer a los turistas que regresen a Egipto, un país abandonado por los visitantes de todo el mundo tras la revuelta popular que derribó al presidente Hosni Mubarak.
«¡Reviens, komm wieder, come back, vuelve!». Los guías egipcios, que se movilizaron al llamado de su sindicato, se suceden en la tribuna de este paisaje de ensueño para invitar a los turistas a regresar a su país.
Pancartas con los colores de la bandera nacional llevaban el mismo mensaje, escrito en inglés, francés, ruso y alemán: «Egipto os ama», una declaración de amor lanzada oportunamente en el día de San Valentín.
En un segundo plano, en la explanada de Gizeh (en las afueras de la capital), sólo un puñado de turistas egipcios admiran la pirámide de Keops, una de las siete maravillas del mundo de la antigüedad, construida hace más de 4.500 años.
«El turista es como un pájaro, echa a volar al más mínimo ruido», lamenta Hazem Hashem, de 37 años. «Pero no hay nada que temer aquí, al contrario», tranquiliza. «El regreso de los turistas es por nuestro bien y el de todo el país», asegura, recordando el peso de este sector en la economía del país de los faraones: 13.000 millones de dólares de ingresos el 2010, es decir, el 6% del PIB egipcio.
«Deseamos enviar un mensaje a los turistas de todo el mundo para decirles que son los bienvenidos. Descubrirán un nuevo país, un muevo pueblo», agrega Hossam Jairy, de 27 años y veterano de la plaza Tahrir de El Cairo, el lugar donde se concentraban los manifestantes hasta la caída del presidente Mubarak.
«Antes, cuando los turistas me preguntaban sobre el presidente, tenía vergüenza de responderles que estábamos en una democracia», reconoce. «Alza la cabeza, eres un guía», interrumpe a coro el grupo de guías, retomando el eslogan del movimiento popular («Alza la cabeza, eres un egipcio»), después de guardar un minuto de silencio en memoria de los «mártires» muertos durante la revuelta.
Según Oncy Jalil, de 34 años, los guías egipcios (unos 16.000) ganan una media de entre 2.000 y 3.000 libras egipcias al mes (entre 300 y 500 dólares; de 220 a 370 euros), sin tener en cuenta las propinas. Desde hace tres semanas tanto él como sus compañeros se han quedado sin salario. «Hemos perdido nuestros ingresos por ganar nuestra libertad», comenta en tono filosófico.
En Gizeh no sólo sufren los guías: conductores de calesas, vendedores de papiros o empleados de la restauración se encuentran en paro técnico. Más allá del sector turístico, el malestar social crece en Egipto desde hace varios días, entre empleados del transporte, la banca y del petróleo.
La demanda llega a Bahreín
Al menos 20 personas han resultado heridas durante manifestaciones entre el domingo y ayer en Bahréin, en las que han participado miles de personas para pedir un nuevo Gobierno que mejore sus condiciones de vida. El hecho sucede luego de las revueltas en Túnez y Egipto.






