El novio de una sobrina de Pérez forcejeó con el matón que iba a matarla y cayó muerto, en el más apasionante caso policial de los últimos tiempos en Chile.
Convertida en un símbolo de maldad, la mujer enfrentó por más de tres meses un mediático juicio, en el que declararon más de 100 testigos y en el que fue declarada culpable de instigar tres homicidios consumados, cuatro frustrados y de intentar con sus propias manos asesinar a su nuera. Un tribunal emitió ayer su sentencia definitiva y la condenó a cadena perpetua.
En el juicio toda su familia, incluidos sus dos únicos hijos, declararon en su contra, dejando en evidencia la conflictiva personalidad de la arquitecta, de 56 años, descendiente de una familia de panaderos españoles que construyó un pequeño imperio inmobiliario en la comuna de Providencia, en Santiago.
«Ella pasa por sobre cadáveres; nadie la detiene», la acusó su madre en el juicio, en el que pidió interponer un biombo para no cruzar miradas. «Hay que ponerle freno a esta señora, que está convencida de que puede salirse con la suya y solucionar las cosas a su manera, con violencia, pagando para mandar a matar», afirmó su hijo Juan José.
La muerte del patriarca familiar, José Pérez, desató una férrea disputa familiar por su herencia que la enfrentó a su madre y a la familia de su hermana Gloria. El objeto mayor de su ira fue su cuñado, Agustín Molina. Enfrascados en una férrea disputa legal, sin conseguir ser beneficiada con un mayor porcentaje de la herencia, resolvió zanjar la disputa por otra vía: contrató a un sicario para asesinarlos a todos.
Cuando el sicario fue arrestado y confesó el plan de ‘La Quintrala’, agregó otro dato: siete meses antes lo había contratado para matar a su ex esposo y a su pareja homosexual.






