Los movimientos sociales y los cambios políticos que desde comienzos de febrero estremecen a Medio Oriente y el Norte de África han tenido una respuesta de Occidente diferenciada en cada uno de los casos, como apuntan analistas consultados por BBC Mundo, lo que lleva a preguntarse si se está usando un doble rasero en la región.
Las sanciones de la Unión Europea contra Libia, por ejemplo, incluyen un embargo de armas, la congelación de bienes y la prohibición de viajes contra el coronel Muamar Gadafi y 25 de sus familiares, lo que supone un paso más allá de las medidas de la ONU. Incluso EEUU contempla todas las opciones, sin descartar la militar.
Con respecto a Egipto, observadores coinciden en señalar que la comunidad internacional, y particularmente Occidente, adoptó pocas medidas ante el reclamo popular de que el presidente Hosni Mubarak abandonara el poder, lo mismo que pasó con Túnez.
En el caso de Túnez —donde se iniciaron las turbulencias— «hubo una respuesta francesa, que se diferenció claramente de la respuesta británica, o de la respuesta alemana», manifestó a BBC Mundo Pedro Martínez Montávez, arabista y Profesor Emérito de la Universidad Autónoma de Madrid.






