Quince periodistas fueron retenidos ayer por la Policía durante más de dos horas en las inmediaciones de la Plaza del Pueblo de Shanghái, al este, una de las zonas donde se habían convocado las llamadas «protestas jazmín» contra el Gobierno chino.
Según relataron a EFE los propios reporteros, fueron llevados a dependencias policiales, donde se les informó de que no podían trabajar en la zona de protestas sin autorización previa, y se les aseguró que la medida de fuerza no era detención sino sólo un «aviso».
Entre los retenidos se encontraban los corresponsales del diario español El Mundo y de la revista alemana Stern, además de profesionales de medios de comunicación japoneses, que fueron liberados tras ser advertidos de que no volvieran a intentar cubrir las «protestas jazmín».
Desde el 20 de febrero, se han convocado a través de internet protestas cada domingo para pedir cambios políticos y mejoras sociales en Shanghái, Pekín y otras ciudades chinas, que por ahora han sido escasamente secundadas pero han generado una enorme presencia policial.
La semana pasada, en Pekín, varios periodistas fueron agredidos en la calle Wangfujing —zona de convocatoria— al intentar también cubrir. Días después, los periodistas de medios que habían estado ese día en Wangfujing, entre ellos EFE, fueron exhortados a no volver a intentar cubrir las posibles protestas, bajo amenaza de perder el visado de periodista o la acreditación para trabajar en China.
Países asiáticos tratan de evitar descontento
AFP n Kuala Lumpur
Los países asiáticos multiplican subvenciones para calmar el descontento popular frente a la inflación del precio de los alimentos y del petróleo, pero los expertos estiman que estas medidas podrían en último término agravar la situación.
De China a India, pasando por Vietnam e Indonesia, los gobiernos tratan de amortiguar el choque, otorgando subvenciones, distribuyendo dinero a los consumidores y controlando estrictamente algunos precios.
Los factores que provocaron revoluciones en el Medio Oriente están ausentes en Asia, donde las economías registran un importante crecimiento.
Sin embargo, los gobiernos miran con desconfianza los disturbios en El Cairo o Trípoli.






