Fuerzas de seguridad de Bahréin controlaban ayer el centro de la capital, Manama, e impusieron un toque de queda, tras haber dispersado violentamente a manifestantes, en su mayoría chiitas, matando al menos a cinco.
Varios países, movimientos o comunidades chiitas del Medio Oriente condenaron la violenta represión llevada a cabo por la dinastía sunita en el poder en el pequeño archipiélago de Bahréin contra los manifestantes chiitas que reclaman reformas y la dimisión del gobierno.
La secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, juzgó ayer en una entrevista a CBS que los países del Golfo van por «mal camino» con el envío de fuerzas armadas a Bahréin para ayudar a contener la revuelta en ese reino.
Monarquías del Golfo, entre ellas Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, enviaron el lunes tropas a Bahréin para ayudarle a hacer frente a la sublevación.
Según las imágenes de la televisión oficial, la policía ocupaba la plaza de la Perla, centro de las manifestaciones contra la familia real sunita de los Al Jalifa, y aplanadoras despejaban del lugar las barreras que impedían el acceso al barrio financiero.
El asalto contra los manifestantes se produjo después que el rey Hamad Ben Isa al Jalifa, decretara el estado de emergencia tras recibir el apoyo de otras monarquías vecinas del Golfo, que enviaron tropas para ayudarlo.
Cientos de efectivos antimotines, llegados a bordo de tanques, de vehículos de transporte de tropas y de autobuses, tomaron el control de la plaza tras haber dispersado a los manifestantes.
«Tenemos tres muertos y un gran número de heridos», declaró a la AFP un diputado de la oposición. «La situación es catastrófica. Las fuerzas (antimotines) dispararon con balas reales», agregó Jalil Marzuk, del movimiento chiita Wefaq.






