Washington contenía el aliento ayer ante la amenaza de una parálisis de la administración a partir de mañana ante la falta de acuerdo sobre el presupuesto entre los republicanos de la Cámara de Representantes y la bancada demócrata del presidente Barack Obama.
Ayer al mediodía, Obama y el vicepresidente Joe Biden recibieron al titular republicano de la Cámara, John Boehner, y al jefe de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, para intentar alcanzar un acuerdo sobre la ley de presupuesto para cubrir el resto del ejercicio del 2011, que termina el 30 de septiembre.
Las reuniones en la Casa Blanca se suceden sin éxito desde el miércoles. «No hay acuerdos sobre las cifras, no hay acuerdos sobre las cuestiones políticas», dijo Boehner a los periodistas al salir de la reunión de 90 minutos. Reid advirtió sobre las consecuencias de una parálisis gubernamental si no se llega a un acuerdo. Además, informó que regresará a la Casa Blanca para seguir las negociaciones con Obama, Biden y Boehner.
Sin un acuerdo entre ambos partidos y sin la aprobación del Congreso antes de esta medianoche, los servicios no esenciales de la administración estadounidense están obligados a cerrar —lo que tendrá graves consecuencias sobre una economía que todavía se está recuperando de su peor crisis desde los años 30— y unos 800.000 funcionarios federales verán sus salarios suspendidos.
Reid ya manifestó su pesimismo ayer por la mañana y dijo que el país parecía dirigirse hacia ese escenario.





