El presidente saliente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, permanecía ayer atrincherado en su búnker en Abiyán pese a la presión militar y diplomática, que acentuó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, exhortándolo a que ceda el poder en su país.
«Es absolutamente necesario que, a estas alturas, él ceda su poder al democráticamente electo (Alassane) Ouattara, antes de que sea demasiado tarde», dijo Ban, quien añadió que «es su última oportunidad para salir de esto con dignidad». Ouattara anunció ayer en una alocución televisada que ha impuesto un bloqueo a la residencia del mandatario saliente Laurent Gbagbo.
Después de la crisis política y la escalada militar, ahora se hace evidente la urgencia humanitaria en la capital económica marfileña, a merced del saqueo. En las calles, los cadáveres parecen olvidados, el sistema de salud es prácticamente inexistente, el agua y la electricidad sufren múltiples interrupciones, y las reservas de alimentos disminuyen.
Tiros esporádicos de armas pesadas y ligeras se escucharon ayer por la mañana en torno al palacio y a la residencia de Gbagbo, blanco de las fuerzas francesas el miércoles en la noche, informaron habitantes y periodistas de la AFP.
Francia dijo haber «replicado» a «nutridos disparos de las fuerzas pro Gbagbo». Pero según una fuente militar occidental, las tropas francesas «aprovecharon para reducir el potencial de resistencia en la residencia».






