Wellington Menezes de Oliveira, de 23 años, parecía tranquilo y callado y no tenía antecedentes policiales, pero provocó un baño de sangre sin precedentes en la historia educativa de Brasil. BBC recuerda que el joven irrumpió el jueves en una escuela de Río de Janeiro con dos revólveres 38 y municiones escondidas en su mochila.
El resultado: 12 niños con edad promedio de doce años muertos. La Policía dijo que creía que era mentalmente inestable, con base en el contenido de una nota suicida que llevaba en su bolsillo.
En la nota, escrita en computadora y firmada de puño y letra, pedía que su cuerpo «no sea tocado por impuros sin usar guantes, sólo por castos que no se involucraron en adulterio» y que lo sepultaran al lado de su madre. En la carta el joven dijo ser «fiel seguidor de Dios» y pidió que su casa sea donada a una sociedad protectora de animales.
Según las autoridades educativas, Menezes era buen alumno y nunca repitió de año. Tampoco hay registros de mal comportamiento en clase. Aparentemente Wellington no tenía amigos y era adicto a internet, según le explicaron sus vecinos a la prensa local. «Vivía en su mundo», le dijo un vecino al diario O Globo.
Como recapitula el periódico, el joven estaba desempleado. El 2008 había trabajado en una fábrica de embutidos pero fue despedido por «baja productividad». Era hijo adoptivo de una familia de cinco hermanos y sus padres adoptivos habían muerto recién.






