El presidente marfileño Alassane Ouattara toma las riendas de un país a la deriva, con la difícil misión de reconciliar a una nación y restablecer la paz y la seguridad, un día después de la detención de Laurent Gbagbo.
«Reconciliación», «Retorno al orden y a la tranquilidad», «esperanza»: la primeras palabras de Ouattara tras el arresto del presidente saliente, que desde hace cuatro meses rehusaba dejar el poder, expresan su voluntad de «pasar la página».
El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, se hizo eco de esa vocación y dijo que Costa de Marfil tiene ahora una «ocasión histórica» para promover la reconciliación nacional, establecer un gobierno de unión nacional y restablecer la autoridad del Estado, indicó un portavoz.
Ban Ki-Moon pidió a Ouattara —reconocido internacionalmente como presidente electo tras las elecciones del 28 de noviembre— que evite un nuevo «baño de sangre» así como represalias contra partidarios de Gbagbo. Ouattara recibió también el apoyo del presiente de EEUU, Barack Obama.





