Gran Bretaña, Francia y EEUU pidieron ayer la renuncia de Muamar Gadafi, cuya caída se ha convertido en el objetivo de la OTAN, pocas horas después de que el dirigente libio apareciera en las calles de Trípoli.
En una tribuna común publicada en cuatro diarios, Barack Obama, Nicolas Sarkozy y David Cameron juzgaron «imposible imaginar que Libia tenga un futuro con Gadafi». «No se trata de echar a Gadafi a la fuerza (…) Pero es impensable imaginar que alguien que ha querido masacrar a su pueblo tenga un papel en el futuro gobierno libio», escribieron los mandatarios.
Para acelerar la partida de Gadafi, los tres dirigentes consideran que «la OTAN y los socios de la coalición deben continuar sus operaciones para que se mantenga la protección de los civiles y aumente la presión sobre el régimen».
En una entrevista con un canal de televisión francés, el ministro galo de Defensa, Gérard Longuet, admitió que con esta toma de posición la coalición está «ciertamente» saliendo de la resolución 1973 de la ONU sobre Libia.
Rusia consideró de nuevo ayer, por boca de su ministro de Relaciones Exteriores Serguei Lavrov, que la OTAN se está saliendo del mandato de la ONU.






