Un año después del 20 de abril del 2010, cuando la plataforma «Deepwater Horizon» se desplomó sobre el pozo explotado por la británica BP a 1.500 metros de profundidad en el Golfo de México, ni la economía de la zona ni el maltratado ecosistema se han librado de la sombra del desastre.
«Si bien hemos logrado progresos significativos, la tarea no se ha completado», admitió ayer el presidente Barack Obama, quien subrayó que el vertido «afectó la vida de millones de personas, desde los pescadores locales a los restaurantes, hoteles y otras empresas pequeñas en toda la región».
Durante 87 días el mundo asistió al flujo incontrolado de 4,9 millones de barriles de crudo, mientras los esfuerzos para taponar el pozo fallaban una y otra vez.
Meses después, los frentes abiertos del vertido están lejos de cerrarse y el alcance total de la catástrofe sigue siendo inabarcable, pero EEUU mantiene su empeño en asegurarse de que BP y las otras partes responsables «rindan cuentas por los daños que han hecho y las pérdidas que causaron», como aseguró ayer Obama.
Para ello, su Gobierno ultima los trámites legales del juicio federal contra BP, previsto para febrero del 2012 y que puede costarle a la hasta 21.000 millones de dólares.
Japón recuenta los daños del terremoto
El número de fallecidos por el terremoto y tsunami del 11 de marzo en la costa noreste de Japón ha superado los 14.000, según los datos facilitados ayer por la policía nipona. El último recuento señala que 14.013 personas perdieron la vida y otras 13.804 están desaparecidas por el seísmo de 9 grados en la escala de Richter y el tsunami que originó, con olas de hasta 38 metros de altura.
La Agencia Nacional de Policía nipona ha confirmado que más del 90% de las víctimas en las tres provincias más afectadas, Miyagi, Iwate y Fukushima, murieron ahogadas por la ola gigante, que se llegó a adentrar hasta 40 kilómetros. Aproximadamente el 65% de las víctimas tenía más de 60 años.






