Al menos trece personas murieron ayer por heridas de bala durante los funerales de las víctimas de la brutal represión contra los opositores al régimen sirio, que dejó más de 80 muertos el viernes, según testigos y activistas de los derechos humanos.
Cinco personas perdieron la vida en Deraa, a manos de «las fuerzas de seguridad que dispararon contra los habitantes que iban a Ezreh para asistir al funeral, así como delante del hospital de la ciudad», explicó un militante.
En Duma, otras cinco personas fallecieron por los disparos de francotiradores escondidos en edificios situados por donde pasaba el cortejo fúnebre que se dirigía a la mezquita del cementerio, dijeron un testigo y un activista pro Derechos Humanos contactados por teléfono por la AFP. Según otros militantes, al menos tres personas fallecieron por disparos de las fuerzas de seguridad en el barrio de Barzeh, en Damasco.
La oposición siria consiguió en todo el país una movilización inédita el viernes, que se convirtió en una de las más sangrientas desde el inicio de las protestas el 15 de marzo y que exigen la caída del régimen de Bashar al Asad.
Las fuerzas de seguridad abrieron fuego para dispersar las multitudes, después de que el régimen prohibiera cualquier manifestación sin su autorización. Al menos 82 personas fallecieron y centenares resultaron heridas, entre ellas niños y ancianos, según testigos y activistas. El Comité de Derechos Humanos sirio publicó una lista con 112 muertos por la represión del viernes, algunos no han podido ser identificados.
Por su parte, Irán desmintió las acusaciones del presidente estadounidense Barack Obama, quien dijo que el mandatario sirio Bashar al Asad busca ayuda de Teherán para reprimir a su pueblo.






