AFP y El País – NICOSIA
El sábado, al menos otras seis personas murieron por el bombardeo del ejército y los tiros de francotiradores en Deraa, centro de la revuelta contra el régimen sirio, donde escasean el agua, la comida y los medicamentos.
El Ejército sirio reanudó el sábado los bombardeos y ataques en Deraa. Según informaba la cadena qatarí Al Jazira, las fuerzas del orden han disparado y usado artillería pesada en los bombardeos sobre barrios de la parte vieja de la ciudad desde primera hora de la mañana. La agencia France Presse informa que han muerto seis personas como resultado de los ataques, según el testimonio de un activista entrevistado por teléfono. Un testigo citado por el canal catarí dijo, en una conversación telefónica, que las fuerzas de seguridad irrumpieron en varias viviendas de madrugada. Denunció que se está atacando indiscriminadamente con tanques y artillería casas, escuelas y mezquitas y que la ciudad carece de luz, agua, comunicaciones y alimentos.
Además, nuevos efectivos se han unido a los ya desplegados en la ciudad. Los testigos citados por Al Jazira aseguran que han visto entrar en la ciudad a 20 tanques esta mañana y que, aunque no hay confirmación de los heridos, muchos de ellos están siendo tratados por los vecinos en sus casas porque el acceso a los hospitales es imposible. El asalto a Deraa está siendo dirigido por la Cuarta División, liderada por el hermano del Presidente, Maher el Assad.
Los soldados desplazados para ahogar la revuelta han recibido refuerzos esta mañana, después de los incidentes de ayer, cuando el ejército reprimió con extrema violencia a los manifestantes que trataron de romper el bloqueo militar de la ciudad, sembrando la calle de cadáveres. Estos nuevos vehículos militares se unen a los que llegaron el lunes, cuando se estableció el bloqueo. Ya el viernes de la semana pasada el régimen recurrió a los blindados para asfixiar la revuelta, que no cesa pese a las promesas de reformas del mandatario Asad.
Mientras, cientos de sirios huyen del país a través de las cercanas fronteras de Jordania y Líbano. Además, un grupo de 252 sirios se refugió hoy en Turquía, han informado los medios turcos. Según ha declarado el gobernador de la provincia suroriental de Hatay, Celalettin Lekesiz, desde la tarde del viernes, un grupo de 500 personas se había congregado en la zona fronteriza entre Turquía y Siria para solicitar asilo. De ellos, han sido aceptados 252 que han sido trasladados a un polideportivo municipal y de ahí serán hoy instalados a un campamento establecido por la Media Luna Roja.
En Homs y Hama, en el centro del país; en el puerto de Banias; en la población oriental de Kamishli, situada en la zona de influencia kurda; y en Harasta, muy cerca de Damasco, también hubo manifestaciones más o menos numerosas, aunque en ningún caso masivas, con gritos de «adiós a El Asad», «Dios, Siria y libertad» y «hemos perdido el miedo».
Al menos 50 miembros del partido gobernante en Siria, Baaz, anunciaron su dimisión durante una manifestación antigubernamental en Rastan, en el oeste del país unos 20 kilómetros al norte de la localidad de Homs, según ha informado un activista de Derechos Humanos.
La pérdida del miedo por parte de la población constituía el mayor peligro para un régimen en el que durante décadas nadie se atrevió a hablar de política en público, y en el que el nombre de Bachar el Asad solía pronunciarse, como antes el de su padre, Hafez el Asad, en un susurro confidencial. Hasta ahora las protestas eran protagonizadas por jóvenes de provincias pertenecientes a las clases más pobres. Ayer los Hermanos Musulmanes, masacrados en 1982, animaron a toda la población a sumarse a las protestas.





