Tras el contacto con la cónsul de Bolivia en Murcia, María Cecilia Orellana, La Razón Digital pudo conversar con tres bolivianos que quedaron sin casa en Lorca. El pedido común es de ayuda al Consulado y a las autoridades nacionales para superar el momento y contar con vivienda.
Beatriz Valle vive en España hace cinco años y cuenta que el terremoto la sorprendió en su trabajo, cuando daba de comer a la niña de 11 meses que cuida. Su esposo, que trabaja en una fábrica que está en receso, se encontraba en el cine con sus dos hijos.
Al igual que los otros 370 compatriotas, su preocupación es encontrar un departamento dónde vivir porque el que habitaba está destruido y lo compartía con otra familia para poder pagar el alquiler. «Ahora debo buscar uno más pequeño que pueda paga. La ayuda inmediata que recibimos no es suficiente, necesitamos más alimentos y vituallas, especialmente las familias que tienen hijos pequeños. Luego la urgencia, para la que necesitaremos ayuda del Consulado, será encontrar una vivienda», adelanta.
El cochabambino Benjamín Aramayo, de 46 años, no perdió su casa, pero afirma que quedó muy afectada. Cuenta que los equipos de rescate identificaron con diferentes colores los lugares de riesgo en la ciudad.
«A los lugares que están marcados con verde se puede volver pese a todo, pero a los que están con amarillo y rojo no. De momento estoy durmiendo en las carpas que instalaron, ni modo», se lamenta.
Benjamín cuenta que comparte el departamento con otras ocho personas, incluidos sus hijos. Él se gana la vida vendiendo naranjas. Cómo su vivienda está en una zona marcada con verde volverá pronto a ocuparla. Y si las rajaduras son de consideración tendrá que cambiarse a otra.
Benjamín sabe de bolivianos que por el impacto del terremoto quieren volver al país. Él se trazó la meta de quedarse 10 años más en España para ahorrar y luego emprender el retorno.
René Gutiérrez llegó hace siete años a Lorca para dedicarse al rubro de la construcción, tiene tres hijos —dos viajaron con él a España y uno se quedó en Bolivia—. Durante del terremoto él estaba a 45 kilómetros de la ciudad, pero cuando regresó encontró su casa en ruinas. No le quedó otra que acudir a un campamento.
«De momento tenemos la ayuda necesaria. Nos dan bocadillos y agua. Para los niños hay leche y para los más pequeños hasta reparten pañales. Eso es lo urgente. Luego se verá qué pasa con las casas, al menos eso nos han informado», cuenta este constructor que recibe el favor de un amigo para poder dormir en un lugar seguro.
«Pediría al Gobierno de Bolivia que mande ayuda a la zona afectada. Hay mucha gente, muchos compatriotas que la necesitan. Estamos en la calle porque las casas no están para entrar. No hay confianza», advierte.
Esa es la vida de tres bolivianos damnificados por el terremoto, la agencia EFE reporta que son miles, la mayoría inmigrantes, que continúan en las calles de Lorca. Dos días después de la tragedia, se mantienen tres campamentos de la Unidad Militar de Emergencias (UME), reforzados por la Cruz Roja, en los que se alojarían unas 3.000 personas que quedaron sin casa.
Los daños en Lorca son graves
Los técnicos han evaluado ya el 80% de todos los edificios de Lorca, en total 1.374. De los que el 12% (164) ha sido marcado con un círculo rojo, lo que significa que está prohibida la entrada por sufrir daños estructurales, aunque ello «no signifique necesariamente la demolición», aclara el Ayuntamiento. Además, las 13 iglesias de la ciudad cerraron por los daños.
Bolivianos cuentan el sismo
Beatriz Valle
37 años, vive en Lorca
Hemos vivido un mal momento. La gente corría, no sabíamos qué hacer. Nosotros alquilábamos un piso, pero ahora está todo rajado y no sabemos dónde ir a vivir; hay muchos bolivianos que necesitamos ayuda. Tengo dos hijos en el colegio y no me puedo ir.
Benjamín Aramayo
46 años, de Cochabamba
Tras el sismo, estamos prácticamente en la calle. Las casas están totalmente rajadas. De los seis pisos (del edificio donde vivía) casi ninguno está sano. Ahora estamos aquí esperando que el Consulado de Bolivia nos informe para ubicarnos.
René Gutiérrez
31 años, de Cochabamba
No hay cómo entrar a los departamentos, se necesita mucha ayuda. Por el momento, con mis dos hijos —que también trabajan— nos vamos a dormir donde un amigo; si no estuviera él tendríamos que pernoctar en la calle, ni modo.






