Desde hace meses, todo (o casi todo) en la política francesa giraba en torno a una cuestión: ¿Se presentará Dominique Strauss-Kahn a las primarias socialistas? ¿Aceptará el reto de aspirar a derrotar a Sarkozy en las presidenciales del 2012? Por eso, la noticia de su detención en Nueva York ha sacudido Francia de arriba abajo.
El director del FMI aparecía siempre como campeón en todos los sondeos. Hoy mismo, dos periódicos publican sendas encuestas (hechas días antes de la detención), en las que DSK (como se le conoce en Francia) aparece en cabeza. Según Le Parisien, Strauss-Kahn figura como el preferido de los simpatizantes socialistas, esto es, el mejor colocado para ganar las primarias, que se celebrarán en otoño. De acuerdo con Le Journal du dimanche, es el preferido de los franceses, es decir, el líder político con más posibilidades de convertirse en presidente de la República dentro de un año. Hasta ayer.
Porque la noticia de hoy lo cambia todo. Las posibilidades de que DSK decida presentarse a las primarias socialistas (el plazo para hacerlo se acaba dentro de un mes y medio) se reducen. También su estatura política, independientemente de la presunción de inocencia a la que se apelan sus correligionarios socialistas. En todo caso, Sarkozy está a un paso de desembarazarse de su más peligroso enemigo.
Algunos de los seguidores de Strauss-Kahn recuerdan que los hechos descritos por la Policía neoyorquina no concuerdan con la imagen de un hombre, mujeriego y seductor, pero no violento. Ségolène Royal, candidata a las primarias, ha pedido que no se juzgue todavía «a un hombre que aún no ha tenido ocasión de defenderse».






