El ex jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, acusado de delitos sexuales, pasó ayer su primer día de arresto domiciliario en un departamento en Nueva York.
Strauss-Kahn fue transferido el viernes por la tarde de la cárcel de Rikers Island a una lujosa vivienda en la calle Broadway, cerca de Wall Street y la Zona Cero, sitio de las torres gemelas destruidas durante los atentados del 11 de septiembre, en el sur de Manhattan.
Inculpado de intento de violación y agresión sexual a una empleada de hotel en Nueva York el 14 de mayo pasado, Strauss-Kahn obtuvo la excarcelación a cambio de estrictas condiciones, entre ellas el pago de una fianza de un millón de dólares en efectivo y cinco millones más en garantías.
Los vecinos del edificio —que tiene piscina y gimnasio— se mostraron sorprendidos e inquietos por la llegada del ex mandamás del FMI, que había pasado cuatro humillantes noches en Rikers Island.
«No me gusta, me da un poco de miedo», dijo Gemma Harding, una mujer que vive en el lugar.
La empleada que acusa al francés de 62 años, y cuyo nombre sólo ha sido divulgado por ciertos medios franceses, está «aterrorizada» por la liberación, declaró su abogado Jeff Shapiro.
Pero Strauss-Kahn, que entregó todos sus documentos de viajes al juez, es objeto de una máxima vigilancia: captado por una cámara de video en forma permanente, lleva una tobillera electrónica las 24 horas y tiene guardias armados en la puerta de su apartamento.
Ahora el ex ejecutivo sólo está autorizado a salir por razones médicas, aunque puede recibir la visita de familiares y amigos.
La próxima audiencia en el Tribunal en lo Criminal de Nueva York tendrá lugar el 6 de junio.






