Alemania cerró ayer filas en defensa de la gestión política de la llamada «crisis del pepino» con España, después de que el martes rectificara sus acusaciones sobre las hortalizas españolas, mientras la investigación sigue sin hallar el origen del brote de «E. coli» que ha provocado ya 17 muertes.
La ministra alemana de Agricultura y Defensa del Consumidor, Ilse Aigner, justificó la actuación de las autoridades de Hamburgo, la ciudad que acumula la mayoría de los casos y que acusó primero de ello a la agricultura española, argumentando que efectivamente los pepinos analizados contenían bacterias de riesgo.
«Hamburgo había encontrado un agente patógeno en los pepinos procedentes de España y por eso alertó públicamente», afirmó la ministra en una comparecencia de prensa previa a una reunión de la comisión de Agricultura y Defensa del Consumidor del Parlamento federal (Bundestag).
Aigner siguió la argumentación esbozada el martes por la titular de Sanidad de Hamburgo, la senadora Cornelia Prüfer-Storcks, quien indicó que en dos de los pepinos españoles del mercado central de la ciudad se había detectado «E. coli», aunque luego se demostró que no era la variante responsable del brote, la «O104».
El Ministerio de Sanidad de Baja Sajonia informó de la muerte de una mujer de 84 años en Hamburgo, lo que eleva la cifra de fallecidos en Alemania a 16, a la que hay que sumar otra víctima en Suecia.






