Esas manifestaciones sociales mantiene en jaque al gobierno del derechista Sebastián Piñera, dijeron analistas a la AFP.
Como no se veían desde hace dos décadas, las calles de Chile volvieron a ser copadas por manifestantes, convocados por temas tan diversos como el rechazo a la construcción de represas en la Patagonia, el fortalecimiento de la educación pública o las uniones homosexuales.
La renovada efervescencia social sorprende en un país considerado como un ejemplo de estabilidad, por su pacífico tránsito a la democracia desde la dictadura de Augusto Pinochet, que dejó más de 3.000 muertos.
Descontento. Pero detrás de la aparente calma, se escondía un descontento social fruto de las inequidades que hacen de Chile una de las naciones más desiguales de América Latina.
Para analistas, varios factores han confluido en el actual escenario convulso: una sociedad más educada, un mayor poder adquisitivo, el hastío tras años de promesas incumplidas y la masificación de redes sociales, como Facebook y Twitter, que han ayudado a expandir el disgusto en un país bajo el monopolio de medios conservadores.
«Estamos ante manifestantes de otro nivel. Más educados, eminentemente urbanos y de alguna manera insertos en el rodaje de la máquina», comentó el sociólogo Pablo Huneeus.
En cuanto a lo político, la elección de Piñera —el primer mandatario de derecha en Chile en dos décadas— abrió expectativas que no ha logrado cumplir, haciendo caer rápidamente su popularidad a 31% tras elevarse al 63% en octubre luego del espectacular rescate de los 33 mineros de Atacama.
Paradoja. Eso, en contraste el boyante momento económico que vive Chile, con un crecimiento esperado de sobre el 6%.
«Cuando la aprobación presidencial es baja, los grupos que siempre estaban descontentos salen a la calle a ejercer presión, porque perciben que el gobierno debilitado es más proclive a ceder a esas presiones», explicó el politólogo de la Universidad Diego Portales, Patricio Navia.
«La gente que sale a protestar siempre estuvo en contra del gobierno, pero no se atreverían a salir si el gobierno fuera popular. No salieron en octubre del 2010 porque el presidente tenía una alta aprobación. Pero ahora que la aprobación ha caído, se envalentonan y salen a las calles», agregó Patricio Navia.
Piñera, un multimillonario empresario, asumió en marzo del 2010, doce días después del terremoto de 8,8 grados que dejó más de 500 muertos y daños por 30.000 millones de dólares. La emergencia le dio algo de tregua.






