En Nueva York, que salió casi ilesa del huracán degradado a tormenta tropical justo en sus puertas, la situación se normalizaba ayer y los transportes públicos reiniciaron actividades, mientras que los tres aeropuertos del área reiniciaron sus operaciones.
El metro funcionaba casi con normalidad en la mañana de ayer, un gran alivio para los millones de pasajeros que lo utilizan a diario. También los autobuses circulaban con normalidad en la Gran Manzana, donde unas 370.000 personas habían sido evacuadas en forma preventiva el fin de semana.
Pero si «Irene» perdonó a Nueva York, no ocurrió lo mismo con el pequeño estado de Vermont, al noreste, fronterizo con Canadá, que sufrió unas tremendas inundaciones, las peores desde 1927, según sus autoridades.
En la capital, Montpelier, el agua estaba empezando a retroceder el lunes al mediodía y unas 37.500 personas se encontraban sin electricidad, sumándose a los millones de afectados por el mismo problema a lo largo de toda la costa este del país.
«En algunos lugares ni siquiera podemos acercarnos al daño», afirmó Joe Kraus, del Servicio Público Central de Vermont, al referirse a la geografía de ese estado montañoso y sin salida al mar.
Recuento de daños por el huracán será lento
Según Eqecat Inc., una firma de evaluación de catástrofes con sede en Oakland, California, el total de los perjuicios que habría dejado «Irene» durante su pasaje el fin de semana por el este de EEUU podría llegar a los 7.000 millones de dólares aunque algunos cifran en 10.000 millones.
Autoridades de EEUU previeron ayer que pasarán días hasta que los ríos se estabilicen, mientras la Cruz Roja indicó que estaba preparada para brindar suministros durante semanas a los afectados. El presidente de EEUU, Barack Obama, reiteró ayer que la reconstrucción llevará tiempo. Además, al menos cuatro millones de personas se quedaron sin electricidad.






