“Ellos estaban en la cama cuando salí (…) me arrepiento de haberlos dejado solitos”, dijo Carol Estefany R., de 18 años. Sus dos hijos, un varón de dos y una niña de tres años, frutos de una relación anterior, perecieron entre las llamas en Warnes, Santa Cruz. Se presume que el incendio fue ocasionado por la vela que su madre dejó encendida antes de salir, a las 19.30 del domingo.
Ella aseguró que fue a comprar más cirios debido a que la energía eléctrica en el barrio San Jorge de la Urbanización Paititi, donde vivían, se había cortado y que se demoró. Pero la familia del padre de los infantes y algunos vecinos la acusan de haberse ido a bailar con su nueva pareja.
En presencia de familiares, amigos y vecinos los restos de los menores fueron sepultados ayer en el municipio de Warnes, a 30 kilómetros de la capital cruceña. Los niños estaban al cuidado de su madre y se quedaron solos. Los vecinos la llamaron para contarle del siniestro y cuando Carol Estefany se presentó, encontró su precaria vivienda reducida a cenizas.
Los habitantes del vecindario contaron a los periodistas que escucharon llorar a los niños, pero no les hicieron caso; estaban acostumbrados a oírles llorar todos los días. Sin embargo, cuando vieron las llamas cayeron en cuenta de que se trataba de un incendio y corrieron a socorrer a los pequeños, pero ya era demasiado tarde.
Rosario A., abuela materna de las víctimas, indicó que hay testigos de que su hija efectivamente fue por velas, ya que la vieron comprando y que tardó en retornar, aunque no precisó el tiempo que demoró.
No obstante, los familiares del progenitor de los pequeños y vecinos culpan a la joven madre. Aducen que esa noche salió a bailar, junto a su actual pareja, a una fiesta que se celebraba en el barrio y que no sería la primera vez que dejaba solos a los pequeños pese a sus pocos años.






