Los balazos que recibió el afroestadounidense Jacob Blake de un policía blanco reavivaron la furia contra el racismo en Estados Unidos con nuevas manifestaciones y un boicot del mundo deportivo.
Luego de tres noches de protestas, que el martes dejaron dos muertos, una precaria calma reina en Kenosha, Wisconsin, donde Blake fue baleado a quemarropa por un agente y la policía instó a respetar el toque de queda nocturno.
«Agradezco a quienes protestaron (el miércoles) pacíficamente y obedecieron el toque de queda sin perder ante la violencia su voz ni el deseo de cambio», dijo el jefe de policía de Kenosha Daniel Miskins.
«La voz de esa gente no cae en oídos sordos. Escuchamos lo que están diciendo», añadió.

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Miskins habló luego que la violencia ganó las calles de Kenosha y durante la cual un joven de 17 años armado, que fue detenido, mató a dos manifestantes.
La noche del miércoles cientos de personas desafiaron el toque de queda y marcharon pacíficamente por las calles de esa ciudad de 170.000 habitantes donde un policía le disparó 7 veces por la espalda a Blake, de 29 años, ante la mirada de sus tres hijos.
«Todo el mundo está esperando que salgamos con furia, que nos volvamos locos en la cuarta noche, pero estamos haciendo una protesta pacífica como se supone que debemos hacer», dijo a la AFP Big Homie Trail, un músico que participó en la protesta.
El miércoles la noche fue más caótica en Oakland, California, donde un tribunal fue atacado; y en Minneapolis, Minnesota, donde cerca de 20 negocios fueron saqueados y vandalizados en medio de un rumor infundado de un nuevo acto de brutalidad policial.
Esa ciudad está a flor de piel desde el 25 de mayo, cuando George Floyd, un afroestadounidense que falleció asfixiado por un agente blanco durante su arresto. Esa muerte desató una ola de protestas a favor de los derechos civiles sin precedentes en décadas.
(27/08/2020)






