En Humera, localidad recientemente «liberada» por el ejército en la región disidente del Tigré, las ruinas bordean las calles y la electricidad sigue cortada.
Los habitantes quieren olvidar el horror de los bombardeos, pero también les preocupa la llegada de nuevos administradores.
Dos tanques calcinados del ejército federal yacen en la entrada de Humera, una localidad sombría de casas bajas, donde los periodistas de la AFP fueron los primeros en poder acudir desde el inicio del conflicto, y las restricciones de acceso al Tigré.
Ubicada al noroeste de Etiopía, en los confines de Sudán y de Eritrea, Humera fue uno de los primeros objetivos de la ofensiva militar lanzada el 4 de noviembre por el primer ministro Abiy Ahmed contra el Tigré y sus dirigentes.
Tras intensos combates contra las fuerzas del Frente de Liberación del Pueblo del Tigré (TPLF), partido que dirige la región y desafiaba desde hace meses al gobierno federal, la localidad fue declarada «liberada» el 12 de noviembre.
Humera, donde viven habitualmente unas 30.000 personas, lleva las cicatrices de esos combates: un enorme agujero aparece en la fachada del hotel África, y los inmuebles del entorno están acribillados de balas.

(25/11/2020)






