Introducción: el Tigre va por la sexta victoria al hilo, quiere la punta del torneo tras golear al club Bolívar que abandona el campeonato para jugar dos amistosos en Europa. La dirigencia del flamante presidente Héctor Montes toma su primera gran medida (acertada): colocar la curva a quince pesitos. La respuesta de la hinchada stronguista es firme, contundente: hacía mucho tiempo que no se veía la curva sur prácticamente repleta; con familias enteras, con grupos de amigos que se juntan de nuevo para alentar al viejo y querido Tigre.
El “Pampa” Baggio mete dos cambios: Villamil es el lateral zurdo (por Lino); y el cruceño Fabricio Quaglio se coloca en el lugar del lesionado Esparza. El resto son los mismos. Alvaro Peña decide poblar el medio para quitarle la posesión a los atigrados. La idea no va a funcionar.
Nudo: la primera parte de The Strongest es un auténtico huracán. Es un Tigre intenso, veloz, con ritmo, desatado, con amplio volumen ofensivo, con desequilibrio. Es un Tigre comandado por un Jaime Arrascaita Iriondo muy seguro de sí mismo, imparable en banda derecha. Con Saúl Torres va a conformar la pareja de baile de la noche. El yungueño se va a ir apagando. La presión (y robo) en la presión alta es otra marca de identidad del “Pampa” (amén de las transiciones rápidas y el juego por las bandas).
Triverio y Prost se entienden cada partido mejor.
La seguridad de la zaga central (con un capitán Jusino en plan “Kaiser”) crece cada día. Quizás la transformación del equipo se pueda graficar en el crecimiento exponencial de un enchufado Torres que no se cansa de subir y rematar (incluso ha mejorado su desempeño defensivo opacando a un Serginho en caída libre). El primer y justo gol llega después de un centro medido de un irregular Quaglio y un testarazo abajo de Triverio.
Desenlace: en el descanso suena la canción “Por suerte soy atigrado” del “Papirri”. La hinchada silba, tararea, acompaña el estribillo. En la segunda parte, Wilstermann recupera la tenencia de la pelota. El “Rojo” tiene un problema y muy gordo: no crea ocasiones de gol, no tiene peso arriba, carece de creación con un Castro venido a menos. La luna aparece dibujada en la noche oro y negro como si fuera una sandía, listo para ser devorada. Biaggio mete un cambio que desordena a su equipo: el colombiano Ortega reemplaza a Quaglio pero se coloca como media punta, abandonando el costado izquierdo. Castro, Ricky Añez y Ballivián atacan al lateral zurdo Villamil. El “Pampa” baja una pelota con un taquito de lujo; un delantero nunca deja de ser delantero.
Un palo de Torres es la metáfora de su mejor momento. Solo cuando entra Sotomayor (por Prost, con Ortega ahora si de delantero) se vuelve a recuperar el equilibrio perdido y el “Pito” ataca al nuevo lateral derecho Edemir Rodríguez. Con la entrada de Wayar (por Ursino), el Tigre obtiene más contención y posesión. De la mano de Wayar va a llegar el pase filtrado de lujo para el penal sobre Sotomayor y la conversión de Jair Reinoso (que ha entrado por Triverio). El partido termina como arranca: con un Tigre dominador, volcado sobre el arco del “Pipo”. La hinchada también acaba igual: entusiasmada de nuevo gustándose con interminables “olé, olé”.
Post-scriptum: el Tigre es el nuevo puntero, el Tigre ilusiona de nuevo.







