RENOVABLES
El uso del hidrógeno como fuente de energía se refiere a su empleo como fuente calórica cuando se quema combinado con el oxígeno. Esta reacción genera cero emisiones de carbono.
Sin embargo, actualmente la producción recurre mayoritariamente a fuentes fósiles. El desafío es transitar hacia el hidrógeno verde a partir de procesos de electrólisis. El desarrollo de esta tecnología requiere también de mayores avances en la capacidad de almacenamiento.
La Agencia Internacional de Energía (IEA, por su sigla en inglés) informó que la demanda de hidrógeno alcanzó los 94 millones de toneladas (Mt) en 2021, recuperándose por encima de los niveles previos a la pandemia (91 Mt en 2019) y conteniendo una energía equivalente a aproximadamente el 2,5% del consumo de energía final mundial.
Refinación
La mayor parte del aumento provino de los usos tradicionales en la refinación y la industria, aunque la demanda a partir de nuevas fuentes creció a unas 40.000 toneladas. Esto es un 60% más que en 2020, aunque se debe reconocer que se parte de una línea de base baja.
Algunos procesos nuevos para la obtención de hidrógeno están mostrando signos de progreso.
Por ejemplo, los anuncios de proyectos siderúrgicos para el uso de hidrógeno puro en la reducción directa de hierro están creciendo rápidamente, solo un año después de la puesta en marcha de la primera planta de demostración.
La primera flota de trenes de pilas de combustible de hidrógeno comenzó a operar en Alemania. También hay más de 100 proyectos piloto y de demostración para el uso de hidrógeno y sus derivados en el transporte marítimo.
Las principales empresas ya están firmando alianzas estratégicas para asegurar el suministro de estos combustibles. En el sector energético, el uso de hidrógeno y amoníaco está atrayendo más atención. Los proyectos anunciados acumulan hasta casi 3,5 GW de capacidad potencial para 2030.
2030
Si se realizaran todos los proyectos actualmente en curso, para 2030 la producción de hidrógeno verde, con bajas emisiones de carbono, podría alcanzar hasta 24 Mt por año, con 9 a 14 Mt basados en electrólisis y 7 a 10 Mt en combustibles fósiles mediante la tecnología de Captura de Carbono, Utilización y Almacenamiento (CCUS, según su sigla en inglés).
En el caso de la electrólisis, la puesta en marcha de todos los proyectos en curso podría conducir a una capacidad instalada de electrolizadores de entre 134 y 240 GW para 2030, con el extremo inferior del rango similar a la capacidad renovable total instalada en Alemania y en el extremo superior en toda Latinoamérica.
La meta de cero emisiones netas de carbono para 2050 requiere 100 Mt de producción de hidrógeno verde por año hacia 2030. Sin embargo, al paso actual, se prevé alcanzar 34 Mt.
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Una parte importante de los proyectos se encuentran actualmente en etapas avanzadas de planificación, pero solo unos pocos (4%) están en construcción o han llegado a la decisión final de inversión.
Entre las razones clave se encuentran las incertidumbres sobre la demanda, la falta de marcos regulatorios y de infraestructura disponible para entregar hidrógeno a los usuarios finales.
El desafío para la eficiencia del hidrógeno, en cuanto al carbono, es que se necesitan electrolizadores que utilicen electricidad de bajas emisiones para producir hidrógeno de bajas emisiones.
Actualmente, la capacidad de fabricación de electrolizadores es de casi 8 GW anuales y, según los anuncios de la industria, esta cifra podría superar los 60 GW en 2030.
En América Latina los países más aventajados para la producción de hidrógeno son Chile, Colombia, Brasil, Uruguay y Argentina. En ese orden, de acuerdo con el H2LAC Index.
Esta clasificación fue realizada por la consultora especializada en transporte y energía sostenible Hinicio con los resultados de encuestas realizadas en 21 países. Las políticas públicas juegan un rol determinante.







