Como millones de familias brasileñas, la de Richarlison quedó desconsolada tras la eliminación de la ‘Seleçao’ ante Croacia en cuartos de final de la Copa del Mundo. Pero eso no borra su “orgullo” por haber visto al atacante brillar en Qatar.
“Estamos muy orgullosos de él. Comenzó de la nada y hoy vemos el nivel en el que está. Es un muchacho sencillo, bueno, honesto”, dice su abuela Sebastiana Francisca de Andrade, de 69 años.
Richarlison hizo construir la vivienda para ella en su ciudad natal, Nova Venecia, una población de unos 50.000 habitantes en el estado de Espiritu Santo (sureste), con sus primeros salarios como futbolista profesional.
En el salón de paredes y azulejos blancos, no hay espacio en el sofá. Los más jóvenes, la mayoría de ellos primos del atacante del Tottenham, se sientan en el piso, llevando camisetas de la ‘Seleçao’ o del club londinense.
Hay tensión en los rostros. ¡Solo se escucha de vez en cuando los gritos sofocados de “Vai Charlinho!” (“Vamos Charlinho”, como lo llaman sus allegados), cada vez que el 9 del equipo de Tite toca el balón.
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Luego de un primer susto cuando Richarlison parecía haberse lesionado en el inicio del partido en un choque con el croata Modric, la familia respira tranquila al verlo permanecer sobre el terreno.
“Si no ha anotado es porque no le pasan el balón”, vocifera un primo en el momento en que el orgullo de la familia es reemplazado, en el minuto 83.
Su abuela dejó de ver el partido desde el medio tiempo. Demasiado estrés.
DECEPCIÓN
Pese a la decepción por la eliminación en los penales ante Croacia (1-1, 4-2), su hermana mayor, Kettima Pereira de Andrade, de 27 años, destaca el camino recorrido por este jugador que vio las puertas cerrarse varias veces antes de firmar su primer contrato profesional.
“Cuando mi hermano era pequeño yo le hacía bromas porque imitaba a Neymar. Hoy en día, cuando lo veo a lado de Neymar, mi corazón se llena de agradecimiento porque realizó su sueño de niño”, dice.
“Nuestro padre nos llevaba a ver todos los partidos en los que él jugaba. Nos subíamos en el camión”, recuerda la joven, que trabaja en la venta de ropa interior en línea.







