“Nada cambia y todo cambia”. “Todo está igual bajo el sol”. Son expresiones de quienes no incorporan el tiempo en sus razonamientos. Resulta que cuando se piensa la economía, el tiempo se desvanece. Pareciera que el tiempo no pasó. Perciben que la época neoliberal es lo mismo que el modelo actual y, dentro de éste, la primera época del expresidente Morales y el presente del presidente Arce. Para incorporar el tiempo en la economía la clave es comprender cómo las estructuras que son históricas se transforman.
En este incesante cambio, Bolivia también se adecuó a sus necesidades —sin perder de vista su desarrollo económico— y a la coyuntura mundial. Desde una perspectiva histórica el comportamiento de la inversión pública estuvo ligada a las características ideológicas de los gobiernos de turno. En la época del neoliberalismo, la inversión pública fue reducida a su mínima expresión puesto que privilegió a la inversión extranjera privada y los resultados económicos como ser el PIB, déficit fiscal, recaudaciones, etc., fueron desastrosos. En el actual modelo, a partir de 2006, el Estado tiene una amplia participación en la economía y la inversión pública volvió para incidir positivamente en el conjunto de la economía.
La ejecución de la inversión pública en el periodo 2006-2021 estuvo debajo del 100%, con tres excepciones: 2006, 2008 y 2013. En 2016 la ejecución fue de 79,20%, que representó el valor más alto con $us 5.065 millones; en 2017 tuvo una ejecución de 77,1%; en 2018 de 71,8% y en 2019 de 70,8% que, en promedio, representó el 73,23%. De hecho, el estancamiento en el nivel de ejecución ya se dio desde 2015 con 79,2% de ejecución. Pero veamos qué pasó en 2017 cuando los neoliberales dicen que fue el año de quiebre. Ese año la ejecución fue de 77,1%, el departamento que más incidió en el bajón fue Santa Cruz, que solo ejecutó el 79%, pero dada su participación de 17,2% su incidencia no es desdeñable. Luego Tarija, que antes de 2017 tuvo ejecuciones importantes, en 2017 redujo su ejecución a 76,6% y que también disminuyó su participación hasta llegar a 9,6%.
Respecto al financiamiento de la inversión pública, hasta 2005 estuvo centrado en el financiamiento externo, por ejemplo en 2005 la fuente externa fue de 62,8% y la fuente interna fue de 37,2%, que fue la característica del periodo neoliberal (con excepción de pocos años). A partir de 2006 se dio vuelta la tortilla, ya que el financiamiento interno fue el principal y el financiamiento externo fue reducido. Como ejemplo tenemos a 2006 cuando el financiamiento interno fue de 62,4% y el financiamiento externo, de 37,6%; y en 2021 el financiamiento interno fue de 67% y el financiamiento externo de 33%.
Como corolario del periodo neoliberal, el financiamiento externo tuvo su expresión en el incremento de la deuda externa del país, el ratio de la deuda externa respecto del PIB estuvo encima del 50%, como ejemplo, en 2005 fue 51,6% y en pleno auge del neoliberalismo, en 1990, el ratio alcanzó el 77,4%. Sin embargo, el ratio en 2016 fue solo de 29,2%, en 2020 fue 33,0% y en 2021 se redujo a 28,9%.
Haciendo la relación con las Reservas Internacionales Netas (RIN), en 2016 fue el año de mayor ejecución de la inversión pública con $us 5.065 millones y las RIN fueron de $us 10.081 millones; en 2017 la inversión pública bajó a $us 4.772 millones y las RIN subieron a $us 10.261 millones; en 2014 la ejecución fue de $us 4.507 millones y las RIN fueron de $us 15.123 millones, la más alta; es decir, a más alto nivel de las RIN la inversión pública no tuvo precisamente la más alta ejecución; en conclusión, no existe una relación directa entre ambas, como pretenden hacernos creer los neoliberales.
En conclusión, la no existencia de una relación directa con la precisión en el aspecto temporal o el de buscar infructuosamente variables explicativas del comportamiento de la ejecución de la inversión no lleva a ninguna parte; el problema está en otro lugar, en los embotellamientos, en los cuellos de botella que tiene la ejecución de la inversión pública y en las limitaciones de una forma específica de estructura de la inversión pública que ya cumplió su ciclo y que ahora necesita un cambio de estructura, hacia la inversión productiva, como la que se inició en 2022 y continuará en 2023, que será muy beneficiosa para la economía, no solo para el sector público sino para el conjunto de la economía.
Efraín Huanca Quisbert es economista.







