Los griegos, tal vez mejor que nadie, sabían de la importancia de la hegemonía para las diferentes batallas que deberían librar. Ya sabemos con Carl Von Clausewitz que la guerra es la política continuada por otros medios. O quizás, en estos tiempos posmodernos y confusos, sea al revés. Sea como fuera, la palabra hegemonía tiene génesis griega: conducir, ser guía, ser jefe, o quizás algo más preciso es el verbo eghemonero: guiar, preceder, entonces, significa estar al frente, comandar, gobernar.
Quizás, estas disquisiciones le sirvieron al pensador italiano Antonio Gramsci para la construcción de su propia categoría de hegemonía con el propósito de trazar la acción política, destacando la subjetividad y, sobre todo, concediendo a la ideología y a la dirección política y cultural —el propio Gramsci anunciaba embrionariamente— el bloque nacional-popular.
Entonces, estas reflexiones gramscianas resultan útiles para comprender los tejes y manejes en las entrañas del Movimiento Al Socialismo (MAS). Hoy el partido oficialista sufre en su interior las secuelas de la crisis política de octubre/noviembre de 2019. Esa crisis no solamente resquebrajó a la democracia, sino, a posteriori, agrietó el tejido interno del MAS.
Si bien ese monstruo, me refiero al gobierno transitorio, surgido de la crisis política casi obligó a los diferentes sectores/grupos del MAS a la cohesión para derrotar democráticamente al enemigo externo, empero, luego, en el retorno al gobierno (re) brotaron estas fricciones se visibilizaron con mayor intensidad a tal punto que hoy pone en vilo a la propia estructura partidaria fraccionándose entre evistas y arcistas.
Una variable explicativa de estas turbulencias internas en el MAS está asociada al líder carismático (vrg. Max Weber) que posibilitaba la cohesión partidaria, pero hoy está resquebrajada. La insistencia a la relección, a pesar de los resultados del referéndum constitucional, provocó una rajadura en la imagen política de Evo Morales.
El asidero para la legitimación interna de la relección presidencial sostenía que el expresidente garantizaba la unidad del partido, pero ir en contrarruta de un veredicto democrático: el referéndum fue un salto al vacío. Ese yerro político provocó que los sectores reaccionarios maquinaran una cruzada conspirativa desembocándose en un golpe de Estado con masacres a pobres y campesinos.
Después de reconquistada la democracia, sectores evistas excluidos del poder empezaron una campaña de desprestigio contra los funcionarios gubernamentales y, por el otro lado, otros sectores del MAS, sobre todo, aquellos en el manejo gubernamental, empezaron a lanzar sus dardos contra el evismo identificándolo como corresponsable de la crisis política del año 2019.
Estas trifulcas revelan que la imagen del líder carismático está desportillada desembocándose en grietas internas. Las fricciones partidarias son naturales, sobre todo, en una estructura ampliada y diversa como el MAS, pero cuando esas disidencias democráticas se convierten en intereses tóxicos son un real peligro para el proyecto político del bloque nacional- popular.
En estas condiciones es difícil pensar la reconstitución hegemónica del MAS a nivel externo. Fernando Mayorga dice que el MAS está perdiendo su mirada estratégica, pues, hay una abdicación ideológica subalternizando el proyecto político para sumergirse en una reyerta instrumental por el poder. El MAS está huérfano de un liderazgo carismático y una mirada hegemónica. Entonces, siguiendo a Gramsci, se necesita una reforma intelectual y moral.
Yuri Tórrez es sociólogo.







