Las acusaciones de violencia sexual lanzadas contra un influyente cura y artista esloveno sacudieron la Orden de los Jesuitas, a la que pertenece el papa Francisco. Con ello reimpulsaron el debate sobre la gestión de estos casos en la Iglesia.
Marko Rupnik, de 68 años, fue acusado por nueve religiosas de violencia sexual y psicológica en una comunidad de Liubliana, Eslovenia, a principios de los años 1990. Es un teólogo de renombre mundial.
En las últimas semanas, las revelaciones en la prensa italiana llevaron a los jesuitas a aclarar las medidas adoptadas en su contra, suscitando vivas reacciones.
A mediados de diciembre, la Orden de los Jesuitas en Roma reconoció haber iniciado una investigación al padre Rupnik. Este religioso, posteriormente se convirtió en director de un centro cultural en la capital italiana.
El dicasterio para la Doctrina de la Fe recibió una queja sobre «las relaciones entre el padre Rupnik y los adultos consagrados de la comunidad Loyola en Eslovenia». Así lo confirmó el padre Arturo Sosa, superior general de los jesuitas, que precisan que el expediente no concernía a ningún menor.
Invocando la prescripción de los hechos, el Vaticano cerró el expediente en octubre sin una investigación canónica. Y solo se impuso al padre Rupnik la prohibición de confesar y de acompañar las actividades espirituales.
Acusado en otro caso de haber tenido relaciones sexuales con una mujer y luego de haberle dado la absolución, fue excomulgado brevemente en 2020 por el Vaticano, la sanción más alta posible. Sin embargo, la medida para el esloveno fue inmediatamente levantada .
«Para levantar la excomunión, la persona debe reconocer el hecho y arrepentirse formalmente. Lo que Rupnik hizo», explicó el padre Sosa.
Disimulación
¿Cuántas personas fueron víctimas del padre Rupnik y en qué período? ¿Dónde actuó? ¿Qué sabían el Vaticano y el papa Francisco? ¿Por qué este hombre que tenía cierta notoriedad nunca fue molestado?
Interrogado sobre si el papa estaba involucrado en el caso, el padre Sosa respondió: «Antes de tomar la decisión, imagino que el prefecto (N.1) del dicasterio se reunió con el papa. Pero no puedo afirmarlo».
En una entrevista al diario de investigación italiano Domani, una religiosa de 58 años afirmó haber sufrido la «influencia psicológica» de Rupnik para obligarle a tener relaciones sexuales con él.
Esta mujer estima que el sacerdote fue «protegido» por su jerarquía sobre el fondo de la «omerta», y afirma que todas sus quejas desde los años noventa quedaron sin respuesta.
También puede leer: Jesuitas sancionan importante cura acusado de abusos sexuales
Bajo presión
La Orden de los Jesuitas -que cuenta con unos 14.500 miembros en el mundo- publicó la cronología de los hechos. Luego lanzó un llamamiento para denunciar cualquier caso nuevo.
El jueves, los obispos de Eslovenia expresaron su «consternación» y su «tristeza». Y a la vez, denunciaron actos «inadmisibles» que habían permanecido en silencio durante años.
«Lamentamos la incapacidad de los responsables para tomar las medidas necesarias, la ocultación de actos de violencia sexual y espiritual, así como el abuso de poder y autoridad», declararon.
Contactado por la AFP, el Vaticano -que nunca comunicó oficialmente sobre este expediente- no quiso reaccionar.
Pero el caso del artista esloveno, cuyos mosaicos son visibles en Lourdes, Cracovia, Fátima y Washington, relanza el debate sobre la capacidad de la Iglesia para imponer sanciones. Mientras tanto, la Santa Sede multiplica las medidas para hacer frente a los casos de violencia sexual en numerosos países.
En Roma, algunos se preguntan también por la prescripción de los crímenes que impiden un proceso canónico de Rupnik. O su mantenimiento en puestos de consulta en varios departamentos de la Curia romana.







