Los institutos de estadísticas juegan un papel fundamental en los Estados para la toma de decisiones y la elaboración de políticas públicas. En el caso de Bolivia, es el Instituto Nacional de Estadística (INE) el encargado de generar información estadística oportuna y confiable en el ámbito económico y social, donde se integra las necesidades de la sociedad boliviana.
Pero, ¿es necesario otro artículo de opinión que solo describe los datos del mercado laboral, haciendo alusión a resultados obtenidos por encuestas, preguntas en las calles o cuestionarios ajenos al INE, y que además manifiestan un escenario apocalíptico para los jóvenes? La respuesta corta es no.
Este artículo pondrá énfasis en la utilización de microdatos, específicamente de la Encuesta Continua de Empleo (ECE), la cual está disponible en la página web del INE y a disposición de la población en general, para la obtención de estadísticas del mercado laboral de la población joven de entre 16 y 28 años de edad. ¿Con que finalidad? Para que los medios de comunicación, analistas económicos y artículos de opinión consideren a la ECE como fuente de información primaria para sacar conclusiones del mercado laboral para Bolivia.
Para empezar, la ECE tiene una muestra anual de más de 250.000 personas encuestadas en todo el país, tanto en el área urbana como rural, por lo que las estimaciones son estadísticamente significativas y representativas a nivel nacional. Entonces, describamos los resultados obtenidos de la ECE para los jóvenes, y lo concatenaremos con el contexto nacional.
Antes de la pandemia, en el primer trimestre de 2020, la población ocupada alcanzaba a cerca de 976.000 jóvenes (inferior al más del millón de jóvenes del tercer trimestre de 2019), la tasa de desocupación en el área urbana llegó a 10,4% (superior a los 8,1% del tercer trimestre de 2019) y la tasa de actividad apenas alcanzaba al 57% en el periodo indicado.
En la pandemia, el mercado laboral sufrió un deterioro sin precedentes en la historia económica del país, que afectó en mayor medida a los jóvenes; resultando en una caída de la población ocupada de 23,3% entre el primer y segundo trimestre de 2020, que se traduce en una pérdida de más de 227.000 puestos de trabajo. La tasa de desocupación urbana o desempleo aumentó a cerca del 15% en el segundo trimestre de 2020 (alcanzando su peor situación en julio de 2020 con 19,2%), sin mencionar el deterioro de la productividad laboral, de las horas trabajadas y del ingreso laboral de este grupo poblacional.
Pero esta situación negativa no logró prevalecer, y en 2021 cambió de rumbo como resultado de la recuperación de la actividad económica. En efecto, en el segundo trimestre de 2021, la población ocupada de los jóvenes pasó a 1,2 millones (una recuperación del 54% respecto al segundo trimestre de 2020); el desempleo se redujo a 12,5% y la tasa de actividad de la fuerza laboral alcanzó el 65%.
Pero, ¿2022 presentará un escenario terrorífico similar a 2020? Al igual que en la introducción de este artículo, la respuesta corta es no. Según la ECE, en el primer trimestre de 2022 (debido a la disponibilidad de información), los jóvenes ocupados en el área urbana superaron los 1,2 millones, el desempleo continúo bajando hasta un 9,3% y la tasa de actividad llegó al 66%, datos similares a 2021 y lejos de las cifras de 2020.
Por lo tanto, es importante que los medios de comunicación, analistas económicos y artículos de opinión consideren indagar más la ECE del INE para sacar sus conclusiones del mercado laboral en Bolivia, y no así remitirse a encuestas, preguntas en las calles y a cuestionarios incompletos para generalizar la situación del mercado laboral en el país, puesto que, en algunos casos, sus encuestas ni siquiera cumplen con las especificaciones estadísticas mínimas para que sus estimaciones sean siquiera considerables.
En ese sentido, invito a todos los interesados a descargar la ECE para enriquecer el debate y el análisis económico para futuras publicaciones relacionadas al mercado laboral en Bolivia. Por mi parte, los resultados que he descrito hasta ahora reflejan un camino de recuperación del mercado laboral de los jóvenes, que se traduce en certidumbre para la población boliviana.
Álvaro Aruquipa es ingeniero comercial y analista económico.






