Llegó el momento oportuno en que se ve la necesidad, de una vez por todas, de advertir acerca de las muchas cosas graves que nos va a tocar enfrentar y que entrañan peligro para los intereses de Bolivia frente a los intereses chilenos.
En Bolivia existe todavía una clase de traidores, antibolivianos —tontos útiles— que están presentes desde la invasión chilena. Fueron los encargados de sellar nuestra mediterraneidad y actualmente operan de manera sistemática para proteger los intereses chilenos, y desde la función pública negocian con capital chileno sobre riquezas bolivianas. Son los que a base de traiciones actúan como servidores de Chile.
Esta vez hago una denuncia pública acerca de la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra (UPSA), que a través de su Dirección de Posgrado ha instaurado de una manera cínica e indignante el curso Postítulo Internacional en Logística Portuaria de Comercio Exterior, dirigido por Loreto Correa Vera (publica eventualmente artículos en el diario Página Siete), quien es asesora del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, consultora en temas estratégicos vinculados a la frontera chileno boliviana, temas de agua, violencia y seguridad fronteriza, y es coordinadora del programa del doctorado de Seguridad y Defensa y profesora titular e investigadora del Centro de Investigación y Estudios Estratégicos (CIEE) de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos de Chile. Se trata de un curso que tiene la finalidad de generar una mentalidad y un movimiento político completamente ajenos a nuestra realidad, con el que se pretende ofrecer las más irreales digresiones desde la posición del invasor, con una cátedra que tiene el objetivo de interiorizarse en nuestro pueblo.
Esta es la campaña que Chile ha usado como vecino respecto a Bolivia, desde la Guerra del Pacífico y la firma del Tratado de 1904, la desviación del río Lauca y el plan Alpaca. Es pertinente destacar que se habla de relaciones cordiales con Chile, cuando estas se caracterizan por la provocación y la agresión: “Busca la expoliación de grandes riquezas, hasta la ratería sabiamente organizada al comerciante y al viajero boliviano que tiene que pasar por el puerto detentado e inevitable, desde las medianerías del salitre hasta las medianerías del Mauri, porque se llegará a robarnos el agua, no pudiendo ya robarnos el aire o gravarlo en la aduana” (Tamayo 1978: 148).
Nuestro problema geopolítico es llegar a obtener un puerto soberano que nos abra a la vecindad del mundo. Lo que Bolivia exige con justo derecho, no son falsos consuelos para resolver su problema marítimo. Después de tanto tiempo ha quedado completamente establecido que por mayores “mejoras” que faciliten el supuesto “libre tránsito”, estas no tienen carácter permanente y están muy ligadas a la despectiva política bilateral que Chile mantiene con Bolivia, de tal forma que el “libre tránsito” no es más que una ilusión, debido a que en la práctica observamos que está visiblemente limitado y no funciona con regularidad.
Después de 144 años de encierro se ha comprobado que el libre tránsito no ha funcionado debidamente, son múltiples las ocasiones en que aquel derecho ha sido vulnerado e infringido. El pedido cada vez más resonante de Bolivia para que se restituya un puerto sobre el mar, no consiste solamente en manifestaciones emocionales de un pueblo que no se resigna a vivir enclaustrado, sino que prueban que aquella posibilidad del libre tránsito a través de Chile, no ha compensado ni en lo más mínimo el derecho de contar con un puerto propio.
Los señores de la UPSA y Loreto Correa deben comprender que es un error confundir la voluntad del pueblo boliviano con las de unos pocos traidores — y Chile sabe muy bien quienes son y por cuanto lo hicieron —. El mismo Koning solía pensar que una que vez que pase “el resquemor de la ampolla vendrá la reflexión y el sometimiento final”. Desde entonces Bolivia no ha dejado un solo momento de reclamar por su injusto encierro, lo que significa que son inútiles aquellas expectativas de sometimiento de un pueblo que no está dispuesto a ser silenciado.
Debemos dejar de vivir en la conspiración del silencio, donde nadie dice nada, nadie se entera de nada. Debemos dejar de vivir con un total desconocimiento de los problemas que enfrenta el país, lo que hoy sucede merece nuestra mayor atención, hay que reparar en ello. Es momento de que trabajemos, porque de esa lucha dependerá la salvación de Bolivia.







