Cuando vi dirigir al chileno Enrique Osses el partido Nacional-Barcelona (Copa Libertadores) confirmé que es un juez que puede extraviarse en un partido complicado. Pensé que la Confederación Sudamericana lo iba a poner en la congeladora, pero el árbitro —preseleccionado para el Mundial 2014— parece gozar de la confianza de sus superiores, y ha sido designado para dirigir Bolivia-Argentina, en el Hernando Siles, por las Eliminatorias.
No trato de abrir el paraguas, pero el asunto no me gusta mucho.
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Tampoco me gusta lo que ha sucedido en el ámbito del club Corinthians de Brasil luego de la trágica muerte de Kevin Beltrán en Oruro. Pese a que lo niegue a los cuatro vientos, la entidad brasileña —como tantos otros clubes de esta parte del mundo— tiene una disimulada pero evidente relación con su barra brava. Y tratar de resolver el desgraciado episodio con la declaración de un autor aparentemente “trucho”, menor de edad, me parece una salida indigna.
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Lo siento por Alcides Peña, el futbolista de Oriente Petrolero que deseaba fervorosamente salir de ese plantel y jugar afuera y que, supuestamente, arregló todo con un club de Arabia Saudí. Porque la novela continúa, según las noticias publicadas, y el club cruceño exige que Peña regrese a sus filas.
No sé cómo terminará esta novela, pero es otra advertencia para tantos futbolistas nacionales que sueñan con irse al exterior






