Lo que pudo haber sido una goleada, de Millonarios a San José, acabó con un apretado triunfo (2-1) del colombiano, en un partido jugado en Bogotá en el que el portero Carlos Lampe fue gran figura y gracias a él, el santo estuvo cerca de sumar siquiera un punto.
Al boliviano le faltó fuerza en el trayecto final para defender el empate parcial, que si bien era inmerecido, lo sostuvo durante 35 minutos del periodo complementario, casi siempre pasando sustos y sin provocarlos en la tienda rival, hasta que vino —en una jugada rápida que vació a la defensa— el tanto de los bogotanos, poniendo el sello al resultado y desbaratando las esperanzas nacionales. San José planteó un juego defensivo y salida de contragolpe, lo que utilizó desde los primeros minutos en los que Cabrera (11’) pudo abrir la cuenta, pero perdió el mano a mano con Delgado.
De ahí en más dominó, casi a placer, Millonarios y el volumen ofensivo que propuso le facilitó la llegada, por eso tuvo infinidad de opciones que Lampe empezó a apagar, una tras otra, aunque no pudo evitar la apertura de la cuenta a los 16’, luego de un tiro de esquina que Franco, saltando más alto que todos, cabeceó de frente y fuerte.
La superioridad del colombiano se expresó hasta poco después de la media hora, con jugadas que tranquilamente pudieron darle una cómoda victoria parcial, de no haber sido por las atajadas del lungo arquero boliviano, sobre todo una ante disparo, de tiro libre, de Candelo; y otra frente al fuerte remate de Blanco. Así San José se salvó de lo peor.
En los instantes finales de ese periodo el orureño salió un poco y la única jugada clara que tuvo no la desaprovechó: corrían los 45 minutos y todo partió de una acción individual de Cabrera, se sacó la marca de dos y pasó para Saucedo, quien amagó al arquero, a dos defensores y definió con clase para poner el uno a uno.
El resultado hizo que Millonarios apelara a un juego ofensivo cien por ciento en la segunda mitad, en la que Lampe volvió a mostrar lo suyo: tapó un mano a mano, sacó de la línea una pelota que casi termina en autogol porque Tordoya había rechazado mal, y después le ahogó el gol a Asprilla, que le pegó a quemarropa.
No pudo, sin embargo, cuando a 10 minutos del final Asprilla, apoyado en su velocidad, abrió un hueco por la izquierda y su centro fue para Rentería, que solo en el medio acomodó la pelota en donde quiso para el 2-1 final, que selló una nueva caída del santo.
El árbitro – regular
Por lo menos dos amarillas para jugadores de San José no tenían razón de ser. Gambetta no estuvo certero.
La figura – Carlos Lampe
De no haber sido por sus magníficas atajadas, el triunfo de Millonarios tendría signos de goleada.
Los datos
Solos
Cabrera y Saucedo se dieron modos para lograr el empate en una jugada aislada. Pero estuvieron muy solos en la ofensiva, sin alguien que trabajara en el medio para darles una mejor llegada.
Ataques
Los colombianos, en cambio, utilizaron bien todas sus armas para llegar al área contraria, ganaron siempre en el medio campo y tuvieron puntada final. Ahí, Lampe fue el gran obstáculo.
El santo queda malparado en la Libertadores
Un punto en tres partidos deja malparado a San José en el grupo 5, sobre todo porque en las salidas ante el mexicano Tijuana y el colombiano Millonarios no pudo rescatar las unidades que había dejado ir de Oruro cuando igualó con Corinthians. Ahora le quedan tres partidos, los dos siguientes en casa, pero así los ganara no le alcanzarían para procurar la clasificación a la siguiente fase copera.
Anoche se le escapó una buena ocasión para siquiera conseguir un empate. Según el técnico Marcos Ferrufino, el equipo “perdió concentración en los laterales y aquello influyó, porque con un centro que no supimos resolver nos hicieron el gol del triunfo”.
Desde su punto de vista, San José jugó “en forma ordenada, creó algunas opciones, pero no supo definirlas en el primer tiempo. En el segundo cerramos espacios, presionamos en la marca, sin embargo, nos descuidamos una vez y eso fue suficiente para que nos ganaran” el lance.
En todo caso, el DT cree que todavía se puede luchar “porque nos quedan dos partidos en casa que hay que aprovecharlos”, el primero de ellos la próxima semana ante el mismo rival de anoche. Está seguro de que ese cotejo será diferente, porque su equipo está obligado a ir al frente y Millonarios “no jugará como lo hizo en el Campín” anoche.
Al filo del riesgo bastó una falla. Óscar Dorado Vega
Que Carlos Lampe haya sido el baluarte de San José (y posiblemente del partido) no es una referencia anecdótica. Y quizás fundamente, en alguna medida, el éxito de Millonarios, que dominó territorialmente y tuvo mayor posesión de balón, pero también se mostró como un andamiaje colectivo más cercano al ruido que a las nueces.
El equipo de Oruro perdió por un error puntual en la salida. Y echó abajo una tarea esforzada de contención, con todo lo que eso representa en materia de riesgo. Esta vez se corrigió la desatención de las caídas tempraneras y, por el contrario, empató parcialmente —muy buena definición de Carlos Saucedo— en el momento justo, previo a la pausa intermedia.
Antes del cabezazo de Pedro Franco, que significó la apertura, Diego Cabrera desperdició un mano a mano con el arquero Luis Delgado, que quizás pudo torcer la trama. Se marca como una fallida acción clave. Y es que en general, cuando se actúa como visitante, y normalmente las opciones de gol son menores que las del adversario, suele pagarse cara la inefectividad.
A Hernán Torres, el entrenador del elenco dueño de casa, no le quedó más alternativa que multiplicar, en el complemento, ante la igualdad que persistía, la presencia de delanteros. Y el ingreso de Yuber Asprilla, bien pegado a la raya izquierda, con estilo de puntero a la antigua, gravitó. Gracias a él Wason Rentería firmó la victoria.
La derrota complica mucho al plantel de Marcos Ferrufino. De hecho, lo deja último en la llave. Y no es que jugara mal, pero de seguro que le faltó hacerse de la pelota —y manejarla— en el medio campo. Su dupla de ataque padeció la carencia de asistencia. Entonces, el peso del cotejo recayó excesivamente en la zaga y el portero. Está claro que dicha circunstancia exige no errar, excluye cualquier desconcentración. Una fue suficiente para que el punto se escurriera a tan sólo diez minutos del final.
Óscar Dorado Vega es corresponsal en Bolivia de Fox Sports.






