¿Sirve de algo cambiar de entrenador? Si en realidad están pensando en hacerlo, esa es la pregunta que deberían formularse todos los dirigentes —los que tienen a su cargo el asunto en la Federación Boliviana de Fútbol (FBF)— antes de analizar si van a respaldar o no al seleccionador nacional.
Van cinco jornadas de las eliminatorias mundialistas y, bajo el mando de Julio César Baldivieso, Bolivia ha ganado un partido y ha perdido cuatro. El saldo es pobre —¿acaso daba para creer que podría ser diferente?— y en el fútbol muchas veces, casi todas, los resultados son los que mandan; sin embargo, qué garantiza que éstos vayan a cambiar con otro técnico.
Tampoco se trata solo de eso —de resultados— y en el camino habrá que evaluar también otras cosas: por ejemplo su trabajo y, a la vez, las condiciones que se le entrega para que lo realice; asimismo, su relación con el grupo e indagar a profundidad si es buena o mala, algo que es fundamental para que el grupo funcione.
Sin embargo, todo lo anterior es estrictamente coyuntural y se lo sigue manejando en un ambiente que no ha cambiado, pues continúa siendo el de siempre. El fútbol nacional, esté quien esté, no da pasos reales para ser otro a partir de su caduca estructura que nadie se anima tocar.
¿Qué ha cambiado? Nada, solo los nombres de los dirigentes que están al mando: antes era Chávez, luego Ortega y ahora es López. Hay quienes dicen que “lo más importante” fue lograr que se fuera Chávez. Pero no se ha removido ningún cimiento y han transcurrido meses con más de lo mismo; mientras las cosas se manejen como hasta ahora, pasarán otros sin que haya un verdadero golpe de timón.
El fútbol boliviano necesita dejar en segundo plano los reemplazos de técnicos y pasar a asumir lo que en realidad es importante: el terreno, tanto institucional como deportivo, que debe mejorar para comenzar a desenvolverse mejor.
Que las eliminatorias sigan, que Baldivieso continúe, todo eso es lo menos trascendental. Hoy es cuestión de darle otra vida al fútbol boliviano y para eso deberían estar, en primera fila, los que propiciaron el mentado cambio.






