Chile no tiene la culpa por habernos ganado un partido “en mesa”. Cuidando sus intereses hizo lo que cualquiera haría, impugnar. Y a la larga, la FIFA y el TAS le dieron la razón.
Que los partidos hay que ganarlos en cancha, por supuesto que sí. Pero si uno de los equipos se salta la norma, cabe que se lo castigue si es descubierto. Eso ocurrió en el “caso Cabrera”, más allá de si correspondía ver el asunto desde el punto de vista de un estatuto o de un reglamento.
Ha pasado un año desde que surgió el lío y hay gente en nuestro país —quizás la mayoría— que se sigue rasgando las vestiduras por el fallo. Y más ahora que ambas selecciones volverán a enfrentarse, partido que se jugará mañana en La Paz. Hasta se habla —vaya cosa— de “venganza”.
Lo peor de todo es que voces de ese tipo salen de boca de los mismos dirigentes de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) intentando buscar culpables afuera: que la FIFA, que el TAS, etcétera.
En cambio, no les han hecho ni cosquillas a los verdaderos responsables de tamaño papelón que el fútbol boliviano ha hecho a nivel internacional en este asunto.
Porque es un papelón convocar a un jugador que no cumple los requisitos, o sea es una completa ignorancia de quienes, en cambio, tendrían que estar empapados de las reglas del juego.
Los entrenadores, sus asistentes, los dirigentes, el mismo jugador, todos quienes de una u otra forma fueron responsables de la convocatoria de Nelson Cabrera a la selección boliviana tienen culpa en ello, en un grado o en otro. Pero a ninguno la FBF le ha pedido siquiera explicaciones por lo sucedido.
Pensarán algunos que lo mejor sea dejar el asunto en el olvido. No debería ser así, al fin de cuentas, la imagen del fútbol boliviano quedó dañada.
(*) Ramiro Siles es editor de Marcas Plus






