El presidente de Petrolero, Florencio Vargas, se animó la semana pasada a hacer una afirmación: “Yacuiba no está para tener un equipo en la Liga”. Puede que le haya acarreado críticas en su región y también fuera de ella, pero lo único que hizo con esa frase fue pintar de cuerpo entero la realidad de su club, de la que no están exentos otros integrantes de la máxima categoría del fútbol profesional boliviano.
También reveló que para cumplir con el partido contra Bolívar, jugado ayer en La Paz, tuvo que tocar las puertas de la Subgobernación y de la Alcaldía a fin de obtener los fondos mínimos para asegurar el viaje de la delegación.
Tan apretada está la situación que el plantel llegó ayer a media mañana y lo hizo directo al estadio Hernando Siles, un montón de horas antes del partido. La razón era una sola: no había dinero para contratar aunque fuera un pequeño hotel para que sus jugadores pudieran descansar de forma adecuada antes de someterse a la alta competición.
No se puede mirar de reojo este tipo de situaciones, que —cabe recalcar— no son exclusivas de Petrolero, basta con ver que a la dirigencia de Blooming le costó una enormidad reunir el monto correspondiente a un salario para posibilitar que su plantel —inicialmente en paro— se presentara a jugar anoche frente a San José. Y la lista de los clubes que están en líos económicos es larga e interminable.Mientras son pocos los que gozan de “buena salud”, mentirosa si se toma en cuenta que tienen mecenas que los sostienen —y que en cualquier momento pueden acabarse—, la mayoría se debate entre la vida y la muerte y es porque no aparecen soluciones reales a una crisis cada vez más profunda.
Los síntomas indican que es necesaria una profunda cirugía, evitar mayor desangre de los clubes y generar apoyo diverso. Hace rato que es tarde, pero hay que hacerlo.






