El tema de la altitud —le llaman “la altura”— nunca se va a terminar, siempre será una sombra persiguiendo al fútbol boliviano. Se apagará durante algún tiempo, pero no faltará alguien que encienda la mecha de nuevo.
Es como el pan de cada día. “Boca ganó en la altura de Quito”, resaltaba el otro día el periodista de FoxSport al término de la magnífica victoria del cuadro xeneize ante Liga en la capital ecuatoriana. Triunfo, empate o derrota, no faltan quienes remarcan los dos mil y pico o tres mil y pico metros sobre el nivel del mar, según donde se juegue. Sin ir más lejos, en Bolivia viene un equipo, por ejemplo del oriente, y no falta alguien que utiliza la muletilla.
Sin embargo, lo que no se puede admitir es que un miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) y representante nato de los 14 clubes —de todos—, el vicepresidente Robert Blanco, cuestione la altitud, un exabrupto que fue más allá por haber sugerido que los metros sobre el nivel del mar tuvieron que ver con la muerte de un árbitro en un partido jugado en El Alto.
El Ejecutivo mínimo tendría que pedirle una explicación y llamarle la atención sobre el porqué actúa como un enemigo dentro de su propia casa, más allá de que Blanco, por su ignorancia, esté enfrentando algunas exigencias para que renuncie.
“No hay que negarlo, afecta la altura, todo el mundo lo sabe”, enfatiza, pero para que su cuestionamiento no se note muy duro agrega que “el calor también” antes de lanzar su idea de “emparejar las cosas” en los campeonatos bolivianos tomando en cuenta “el clima y la temperatura”.
Sería fácil que, por una parte, los del oriente jueguen su campeonato; y, por otra, los del occidente también; entonces, que ya no sea “fútbol boliviano” sino de regiones y que cada una tenga su campeón. O es que para que haya solo uno harán desaparecer “la altura”.
Nuestro fútbol ya tiene muchos problemas que lo hacen pobre como para admitir más. Lo que hay que hacer es extirpar la imbecilidad en cuanto el que la porta se muestra.






