Las sanciones contra los directores técnicos en el fútbol boliviano abundan. Aquí solo algunos ejemplos: cuatro partidos de suspensión le cayeron en el anterior torneo a César Vigevani, de Bolívar; en el actual, otros cuatro a Erwin Sánchez, de Blooming, a la vez que el que la sacó barata fue Julio César Baldivieso, de Always Ready, con apenas un par cuando lo que hizo —jalonear a un árbitro asistente— daba para castigarlo mínimo por seis meses.
Los entrenadores toman excesivo protagonismo en el borde de la cancha, y no del bueno. Lejos de dar indicaciones a sus jugadores, que es para lo que están, se enfrascan en discusiones con los árbitros, los maltratan, se pelean con jugadores rivales, con sus colegas técnicos y hasta con el público. Cuando deberían ser los portadores de serenidad, sobre todo en los momentos difíciles, lejos de ello más bien son incitadores.
No hace mucho Vigevani hizo todo un escándalo achacándole a un árbitro una seña del VAR, la que nunca hubo. Hasta quería que su equipo dejara el terreno de juego sin medir las consecuencias de tan irresponsable acto. Bolívar juró ir hasta la Conmebol con el asunto, pero no hubo tal, como tampoco llegaron a nada sus quejas anteriores; es que se dio cuenta de que podía pasar papelones.
Sánchez no aprende, habla, gesticula, se excede y el “ejemplo” cunde en sus jugadores. Nunca a su equipo le va mal por propia culpa, por lo general siempre la tiene el árbitro, según él. No por nada está permanentemente en la mira.
Baldivieso dijo que se tropezó con un asistente accidentalmente. No fue así. Lo fue a buscar para reclamarle por un penal que en principio no había sido cobrado, lo agarró de la camiseta, lo jaloneó. Vaya a saber qué vio el Tribunal de Justicia Deportiva para no sancionarlo con rigor.
No todos son así, hay entrenadores que se dan su lugar, asumen las cosas con calma, con la serenidad que amerita ser conductor, no caen en provocaciones ni nada parecido. Son un ejemplo. Los demás deberían aprender de ellos.






