martes 30, junio 2026
ANÚNCIATE
SUSCRÍBETE
HEMEROTECA
No Result
Ver todos los resultados
La Razón
Logo Escape Logo Marcas Logo Animal Político Logo Energías y Negocios
  • Portada
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Nuestros Productos
    • Marcas
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto
La Razón
  • Portada
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Nuestros Productos
    • Marcas
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto
No Result
Ver todos los resultados
La Razón
No Result
Ver todos los resultados

La muerte del Cóndor

A 30 años del mayor intento de engaño en la historia del fútbol

Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en WhatsappCompartir en
Por Jorge Barraza
/ septiembre 20, 2019
en Marcas

-Los actos antideportivos realizados son de una gravedad fuera de lo común -declaró Pablo Porta Bussoms, abogado catalán y presidente de la Comisión de Disciplina de la FIFA, en conferencia de prensa.

-¿Es el hecho más grave en la historia de la FIFA? -Le preguntó un periodista.

-Es lo más grave en la historia del fútbol, que es más antiguo que la FIFA -respondió Porta.

El césped del Maracaná fue escenario y testigo. Dos de los más célebres sucesos de la historia del fútbol tuvieron lugar un domingo de sol en esa alfombra verde: el gol de Gigghia en 1950, acaso el más inesperado y glorioso de todos los tiempos, y la farsa de la bengala en 1989, montada por el arquero chileno Roberto Rojas en un crucial partido de Eliminatoria, sin duda la mayor estafa que haya manchado a este deporte. Las dos veces el miedo enmudeció a la multitud. Cuando el derechazo de Gigghia sacudió la red, un frío de muerte congeló los corazones de doscientos mil brasileños. Cuando el cuerpo yacente de Rojas era retirado del campo otros ciento cuarenta mil torcedores sintieron pánico de quedar fuera del Mundial.

El 3 de septiembre de 1989, Brasil y Chile jugaban el partido final del Grupo 3 de la Eliminatoria. Estaban igualados en 5 puntos. Con empatar le bastaba al local para clasificar a Italia ’90 pues tenía mejor diferencia de gol. Chile necesitaba una victoria. No hubo un epílogo formal ni normal. Con Brasil 1-0 arriba en el marcador por gol de Careca, Chile se retiró del campo en el minuto 69, alegando que su excelente guardameta, el Cóndor Rojas, había sido herido gravemente por una bengala caída sobre el campo de juego, arrojada desde la parcialidad brasileña. El partido nunca concluyó. Desde ese minuto 69 en adelante se desató un huracán de acusaciones, denuncias, pericias, comunicados. Cientos de miles de horas de radio y televisión y millones de hojas de papel se consumieron informando y debatiendo sobre el suceso, de alcance universal pues nunca se había registrado un hecho tan fuerte en una cancha de fútbol con un jugador como protagonista de un incidente. En un primer instante muchos pensaron que Rojas podía estar muerto.

Como era lógico suponer, la prensa internacional especuló velozmente con la pérdida del partido por parte de Brasil y su eliminación del Mundial. ¡La magia brasileña por primera vez fuera de la Copa…!

Brasil, Chile y Venezuela componían el Grupo 3 de la Eliminatoria. El ganador iba directo a Italia ’90. La Vinotinto, por entonces, no contaba futbolísticamente y fue goleada en sus cuatro presentaciones. La porfía era entre los otros dos.

Brasil poseía un plantel estelar cuyo trinomio atacante era nada menos que Bebeto (23 años), Careca (28) y Romario (21), todos en esplendor. Chile tenía también un equipo formidable, sobre todo en ataque, tanto que Brasil le opuso cinco defensores en Santiago. Aunque el técnico Orlando Aravena sabía que por las buenas iba a ser difícil…

  • Rojas, ensangrentado, es retirado del campo.

Guerra en el Nacional

Veintiún días antes del incidente de Maracaná se disputó el cotejo de ida en Santiago. La Verdeamarelha se encontró ante un clima bélico, absolutamente irrespirable. Si los partidos de Eliminatorias suelen ser tensos, eso fue un caldo de violencia pocas veces visto. O nunca. Los libros Historias secretas del fútbol chileno II y El caso Rojas, un engaño mundial, así como los medios en general del país de Neruda adjudican a Aravena, con sus picantes declaraciones y la desbordada arenga a sus jugadores, haber creado esa atmósfera hostil para ganar como fuera. Él fue la chispa, amaba ese barro. Los periodistas chilenos no describen a Aravena como un paladín del Fair Play. Adicionalmente, en Chile siempre existió la idea de que todos los demás ganaban trampeando y por eso la Roja nunca podía ser campeona. En el ambiente quedó instalada una frase de los años ’70 de Luis Santibáñez, famoso entrenador de varios equipos y también de la selección, de que en fútbol no se gana solo en la cancha. Y se mezcló todo. El público se mostraba muy alterado.

La Roja saltó al campo con Roberto Rojas; Hisis, Hugo González, Astengo y Puebla; Raúl Ormeño, Jaime Pizarro y El Mortero Jorge Aravena; Patricio Yáñez, Zamorano (luego Juan Carlos Letelier) y Hugo Rubio (Ivo Basay). Brasil alistó a Taffarel; Mazinho (sustituido por André Cruz), Mauro Galvão, Aldair, Ricardo Gomes y Branco; Dunga, Valdo y Silas; Bebeto y Romario.

Hubo una silbatina estruendosa al himno brasileño y el público (cerca de 70.000 personas) arrojó todo tipo de objetos al campo. Antes de llegarse al minuto 3 hubo una acción posiblemente premeditada que desencadenó la beligerancia posterior. Branco, un auténtico tanque de guerra, escaló por su lateral izquierdo y Ormeño se le arrojó en plancha a la altura de la rodilla con vehemencia singular. La pelota iba a ras del piso, nunca quiso jugarla el 8 chileno. Fue una entrada demencial, de lo más grave que uno recuerde en más de cincuenta años de fútbol (puede verse en bit.ly/2l7LNDX). Justo Branco había apoyado su pierna izquierda y la suela de Ormeño casi se le incrustó en la rodilla. Era para treinta días de cárcel (a cumplir), pero el juez barranquillero Jesús Díaz Palacio apenas le puso amarilla.

-El hombre de las tarjetas, don Jesús-, rezongó por TV el comentarista local Julio Martínez.

Romario, a quien Orlando Aravena había azuzado en los días previos a través de la prensa, comenzó a manotearse con Fernando Astengo cuando la pelota estaba todavía quieta en el círculo central; el árbitro le mostró la amarilla ¡antes de empezar el partido…! ¿Récord mundial…? Tras la plancha de Ormeño, el 9 volvió a discutir con Hisis, le tiró un codazo, que no llegó a impactar de lleno en el marcador de punta, y se fue expulsado. Brasil con diez desde los 3 minutos. Cuando debía ser al revés… Branco, un hombre de una fortaleza física colosal, intentó volver al campo, pero no pudo continuar y debió ser reemplazado. A los 12’, Ormeño tiró otro guadañazo impiadoso sin pelota, esta vez al habilidoso Valdo, que se le había ido, y Palacio le mostró tarjeta roja. El victimario fue a buscar al juez como para agredirlo y tuvieron que forcejear entre varios compañeros para contenerlo. Cuatro suplentes de Chile se lo llevaron al estilo Grupo GOE; estaba completamente desenfrenado. Las escenas están en Youtube (bit.ly/2l1VOQC).

El Nacional era una olla a presión. El juego era una simple excusa para constantes agresiones. Tal vez nunca un partido de fútbol alcanzó semejante grado de violencia. Sucedieron cosas insólitas que quedaron sin sanción. Patricio Yáñez, de gran actuación, le mostró los genitales al juez y éste apenas lo amonestó; pero, al sacarle la amarilla, Yáñez le hizo un corte de manga en la cara y Díaz lo dejó pasar. A esa altura seguramente pensó que lo primordial era salir con vida. En otra jugada, Bebeto se fue solo para marcar el segundo gol, remató y Rojas tapó volando… pero un metro y medio fuera del área. Díaz dejó seguir. En otra, Dunga dio una patada terrible en el pecho a Astengo y no fue sancionado sino con amarilla.

Brasil se puso en ventaja por un infortunado rechazo de Astengo que pegó en Hugo González y se metió en el arco. Cerca del final, Chile empató con un gol polémico. El juez pitó tiro libre indirecto en el área de Brasil por falta técnica de Taffarel. El rubio goleiro había atajado un balón, caminó cuatro pasos con él, lo botó a tierra, volvió a tomarlo con las manos y a caminar. En esa caldera que era el partido y el estadio, nadie lo había notado, pero Jesús Díaz sí y lo pitó: falta técnica. Apenas oyó el silbato, Jorge Aravena le pidió la bola a Taffarel y este insólitamente se la entregó; en tan solo un segundo y sorprendiendo a todos, El Mortero Aravena la apoyó en el piso, tocó cortito para Basay y este, desde el punto del penal, la mandó adentro casi sin oposición pues todo Brasil estaba protestándole airadamente a Jesús Díaz. Un gol extraño de un partido terrible. El empate despertó la euforia del público y aplacó en parte la virulencia.

Quien enloqueció fue Sebastião Lazaroni, el entrenador de la Canarinha; quiso entrar al campo, el juez colombiano lo echó y, ante su resistencia, fue sacado por una docena de uniformados. Los carabineros fueron menos recios que Ormeño, pero le dieron una buena pateadura al DT. Mientras se lo llevaban le daban en los tobillos. Aún desencajado en vestuarios, Lazaroni gritaba:

-¡Esto es una vergüenza del fútbol…!

Le sobraba razón. Valga resaltar que Chile jugó con enorme actitud y buscó el triunfo hasta agotar sus reservas físicas, anímicas y futbolísticas. También la valentía de Brasil para no dejarse arrollar pese a un ambiente tan desfavorable. En ese contexto, Dunga fue el líder espiritual. Y metió suela también, no era cuestión de que pegaran solamente los otros.

-¿Fue el partido más violento que dirigió en su carrera?

 -No -responde Jesús Díaz hoy, treinta años después-. Tuve otro muy difícil en 1982: Deportivo Cali 1 – América 0, que se suspendió a los 41 minutos del segundo tiempo. Hice patear tres veces un penal a Falcioni y al final fue gol. Con ese gol ganó el Cali y se armó una batahola. Aunque aquel de Chile-Brasil fue tremendo. De entrada, Chile no quiso cumplir con la orden de FIFA de salir los dos equipos juntos. Salieron antes para que el público descargara toda su artillería contra Brasil. Y así sucedió. Además del abucheo, le tiraron botellas, piedras, frutas, etcétera. FIFA ordena que los dos equipos salgan juntos para evitar hostilidades hacia el visitante, pero Roberto Rojas, capitán local, ignoró la orden y se metió por entre las vallas, haciendo que sus compañeros lo siguieran, con lo cual Brasil quedó expuesto, a merced de los proyectiles.

-¿Tuvo miedo en algún momento?

-No, porque el tema no era contra mí sino contra Brasil. En 1985, por la Eliminatoria anterior, ahí mismo en el estadio Nacional me abrieron la cabeza con un hielo; don Abilio D’Almeida, que era el veedor, me dijo que si no me sentía bien no continuara, pero yo quería seguir porque sabía que estaba dirigiendo bien y la bronca no era conmigo sino con los uruguayos. Así que me pararon la sangre y unos 15 ó 20 minutos después reanudé el juego. En el caso de Chile-Brasil, más allá de las patadas y los golpes, expulsé a toda la banca técnica chilena, a los recogebolas, a los fotógrafos… Todos estaban confabulados. Resultó difícil haber podido terminar ese partido.

-¿Qué sucedió después?

-Yo pasé mi informe, duro, y el veedor (N. del A.: Carlos Coello Martínez, de Ecuador) el suyo. FIFA suspendió a Chile para jugar como local en su territorio el siguiente partido. Un caso único en la historia, creo. Ante Venezuela debió ser local en Mendoza, Argentina.

En efecto, fue el único caso en la historia de las Eliminatorias Sudamericanas -desde su inicio en 1954- en que una selección fue penalizada enviándola a jugar en otro país.

“Las Eliminatorias son una guerra sin muertos”, suele sentenciar un amigo. Ese partido, sin embargo, dejó uno. Expedito Teixeira, padre del entonces flamante presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, Ricardo Teixeira, asistió al estadio Nacional en calidad de simple aficionado y sufrió un infarto en la butaca, que en Brasil fue atribuido directamente a la impresión por el clima hostil de esa tarde en la comuna de Ñuñoa. Expedito nunca se recuperó y falleció el 26 de agosto, 13 días después del partido, en la clínica Santa María, de Santiago. En esas casi dos semanas de agonía, ningún directivo de la Federación de Chile fue a visitarlo. Havelange tomaba nota…

Fiesta en Maracaná

Si haciendo todo lo que hizo, Chile no pudo ganar en su patio, ya podía ir sacando cuentas de lo que costaría en campo ajeno. Las mentes más afiebradas de esa selección, a la que le sobraban excelentes jugadores (en 1987 había goleado a Brasil 4 a 0 en la Copa América de Argentina) comenzaron a pergeñar el modo de salir airosos y llegar al Mundial por si con fútbol no alcanzaba. A raíz de la beligerancia del primer choque -nunca tan ajustado el término- en Chile se pensó que encontrarían represalias en Río. Pero resultó lo contrario. La CBF, las autoridades y la misma prensa predicaron que había que mostrar otra cara; no poner la otra mejilla, sí garantizar la máxima seguridad a los visitantes y dar un ejemplo de civilidad y juego limpio. Se hizo una campaña mediática instando a la gente a brindar una fiesta deportiva en paz. Pero a la vez evitar cualquier incidente, pues FIFA había declarado el partido como de “alto riesgo”, por lo cual designó dos comisarios deportivos de alto rango: el uruguayo Eduardo Rocca Couture, ex vicepresidente de la FIFA, y el español Agustín Domínguez en carácter de veedor extraordinario. Y sobre todo porque en vista de lo sucedido en Santiago, el mundo entero podía pensar que los brasileños quisieran un desquite e incurrieran en agresiones. Teixeira sabía que con un empate clasificaban y no quería correr el mínimo riesgo, el de 1990 sería su primer Mundial como presidente y, si eran eliminados, podía perder la presidencia. Él soñaba con estar muchos años en el sillón. El fútbol brasileño es una máquina de generar dinero y Ricardo ya había establecido su sociedad con Traffic, la cual había debutado haciendo las Copas América de 1987 y 1989. Intuía que lloverían millones (y no estaba errado).

Fuimos a la Cidade Maravilhosa como enviados especiales de la revista El Gráfico. Las instrucciones eran, además de cubrir las alternativas del juego, estar muy atentos a posibles incidentes y presenciar la llegada de la delegación chilena. Chile llegó al aeropuerto de El Galeão a las 22 horas del sábado, bien sobre el partido. Un grupo de alrededor de cien torcedores esperó al plantel chileno y le dedicaron aplausos y hasta vivas. Se dispuso un dispositivo de seguridad similar al de una visita papal. Una impresionante cantidad de patrullas, carros de asalto y sobre todo de policías en moto escoltó al bus del plantel chileno hasta el hotel en Recreio, bien al sur, alejado del centro de la ciudad.

Todo fue pacífico. Al día siguiente llegamos muy temprano a Maracaná a esperar la llegada de la Roja y acompañamos al transporte, que iba a paso de hombre, desde los portones de ingreso hasta la puerta misma del camarín. Todo se desarrolló en perfecta calma. En las tribunas, los 141.072 espectadores pagantes no pensaban en agresiones sino en que Brasil ganaría sin problemas dado su alto poderío futbolístico. Por lo demás, las tribunas del Maracaná están lejos del campo, por lo cual el visitante no se siente hostigado.

El 3 de septiembre de 2014, el matutino La Tercera, de Santiago, publicó una nota evocativa bajo el título “VERGÜENZA ETERNA: SE CUMPLEN 25 AÑOS DEL MARACANAZO”. Destacamos un párrafo de la misma: “La prensa también participó en el juego. Mientras algunos medios crearon el clima de conflicto, otros mantenían la mesura. ‘En Brasil estaba todo normal. Incluso, los colegas nos recibieron y nos transportaron en sus autos. Sin embargo, en un sector de la prensa chilena se insistió con una hostilidad que no existía’, recuerda Ramón Reyes, enviado especial del diario La Nación”.

Efectivamente, fue una agradable jornada deportiva sin incidentes hasta ese minuto 69 en que Roberto Rojas cometió un acto irracional que envolvió a un país entero. Hasta ahí, Brasil fue muy superior en el juego, ganaba con comodidad y ya empezaban los lujos. Brasil se situó en ventaja con un tanto de Careca, quien ya brillaba en el Napoli en dúo con Maradona. El propio Rojas, con sus excepcionales condiciones, impidió más goles en otras ocasiones. No obstante, lo que pasó desde ese minuto fatídico en adelante lo narramos en el artículo que firmamos para El Gráfico el 5 de septiembre de 1989 titulado “UNA FARSA QUE ENSUCIA AL FÚTBOL” y que reproducimos a continuación:

“Una farsa que ensucia al fútbol”

(Por Jorge Barraza Enviado especial a Río de Janeiro)

 “La prensa deportiva del mundo había anunciado que este domingo surgiría del colosal Maracaná un nuevo clasificado para el Mundial de 1990. No contaba con la astucia del arquero chileno Roberto Rojas. Él decidió, junto al resto de su equipo, que no, que hay que esperar un desde ya polémico dictamen de la FIFA para saber quién representará a Sudamérica por el Grupo Eliminatorio número 3.

Rojas, de excelente actuación en los 69 minutos que se llevaban disputados entre Brasil y Chile, vio la gran oportunidad de que su selección obtuviera en un tribunal lo que evidentemente no podía en la cancha: los dos puntos y la clasificación. Vio caer detrás suyo una bengala de luces, totalmente inofensiva, ya que no detona ni explota, solo se va extinguiendo en el espacio de 40 ó 50 segundos, y se desplomó aparatosamente hasta parecer fulminado. Fue trasladado aún más aparatosamente por sus propios compañeros al vestuario y ya no fue posible seguir asistiendo a esa fiesta cordial y maravillosa que los brasileños habían preparado para festejar un nuevo pasaporte a la Copa del Mundo.

Un solo equipo: Brasil

Hasta ese minuto 69, aún sin deslumbrar, había un solo equipo comandando el juego y el marcador: Brasil. Con velocidad, con un toque claro y preciso, con la elegancia de Valdo, la peligrosidad de Bebeto y la potencia física de todos, era amplio dominador. Chile solo había opuesto voluntad y los vuelos fenomenales del ‘Cóndor’ Roberto Rojas. No pudimos saber, en todo ese tiempo, si su planteo era ofensivo o defensivo porque Brasil lo tuvo siempre encerrado cerca de su área, aún con el resultado a favor. Se percibía la impotencia para revertirlo, mientras ciento cuarenta mil torcedores comenzaban con el clásico ‘Ole’ después de cada toque. Eso y un zurdazo de Careca, que doblegó las manos de Rojas, fue lo que se vio hasta ese absurdo minuto 69.

Lo demás fue una farsa que no tiene parentesco alguno con el fútbol. No habían pasado más de seis o siete segundos desde la caída de Rojas (vale aclararlo, ni se había dado cuenta de la existencia de la bengala luminosa -que no es peligrosa como la que mató al hincha Basile en La Bombonera-, pero apenas la percibió se arrojó al piso) cuando sus compañeros, en masa, lo pechaban a Loustau pidiéndole justicia: esto es, que diera por finalizado el partido. Esto sin haberse acercado aún a Rojas para ver qué tenía.

“Lo vimos de al lado: se tiró”

El testimonio, tajante, pertenece a los fotógrafos Ricardo Alfieri (hijo), y Atsushi Kondo, japonés. ‘La luz fosforecente cayó un metro y medio detrás del arquero y él se tiró acusando la lesión. Nosotros estábamos pegados al arco y tenemos toda la secuencia, no estaba herido, seguro’, coincidieron ambos, quienes fueron invitados por la televisión brasileña para obtener su relato pormenorizado.

Juan Carlos Loustau, como correspondía, esperó un tiempo prudencial para que el partido se reanudase, pero Chile se quedó en los vestuarios y tuvo que suspenderlo. (El informe del árbitro sería desfavorable a los chilenos). Para Eurico Miranda, director del comité de Selección de la CBF, no hay duda sobre lo que vendrá: ‘El reglamento es muy claro, si un equipo se niega a seguir jugando pierde el partido por 2 a 0, salvo que al momento de la suspensión tuviera un marcador mayor en contra. Brasil estaba 1-0 arriba, de manera que ganó 2-0 y va al Mundial’.

Pero a pocos pasos de donde él declaraba, el vestuario chileno, una caldera, aseguraba al mundo entero: ‘Rojas tiene un corte en el cuero cabelludo, se le aplicaron cuatro puntos de sutura y además presenta quemaduras en el rostro’. Esto lo afirmó el médico de la delegación, el uruguayo Daniel Rodríguez. Por supuesto ningún periodista pudo entrar a verlo aunque, como es de imaginar también, los colegas chilenos no tenían tampoco la menor duda de la existencia de las heridas.

En fuentes brasileñas la queja era unánime: ‘Le tiraron mercurio para simular la herida y le dieron un golpe. Es una vergüenza lo que hacen para tratar de ganar, Brasil preparó una fiesta y atendió a Chile de la mejor manera’.

Sin guerra, pero sin paz

Chile llegó a Río en un vuelo de Varig recién el sábado a las 22 horas. Tuvimos oportunidad de ver por televisión todos los detalles de su arribo. Una centena de festivos torcedores lo esperaba en el aeropuerto de El Galeão, con carteles como ‘ESTE SERÁ EL ENCUENTRO DE LA PAZ’, ‘VOCÉS SAO OS MELHORES DO MUNDO’. Trescientos efectivos del batallón de choque de la policía estatal custodiaron con un celo excesivo (no pasaba nada) y les mostraron el camino hasta el hotel Atlántico Sul.

La CBF, temiendo que las hostilidades recibidas por los brasileños en Santiago pudieran despertar represalias, lanzó una campaña para promover una fiesta deportiva. Repartió 300.000 volantes por toda la ciudad con una sugerencia: ‘Torcedor, pedimos que aliente a la Selección, incentivando a nuestros jugadores, vibrando del principio al fin. Usted debe promover una fiesta colosal como solo el torcedor brasileño sabe hacer. Pero recibamos a los chilenos condignamente, como país civilizado’.

Personalmente tuve ocasión de presenciar la llegada de Chile al Maracaná, en el que estaban desplegados 1.667 agentes de seguridad, que luego se vio eran demasiados pues el público solo quería disfrutar. Unos doscientos hinchas locales esperaron que el bus se detuviera para aplaudir el descenso de los jugadores, en otra actitud amistosa. Solo hubo un coro de inocentes silbidos cuando la selección roja ingresó al campo, algo comprensible, pero absolutamente pacífico. Incluso el directivo chileno Alfredo Asfura, antes de comenzar el juego, agradeció por televisión la hospitalidad, la colaboración y las muestras de respeto recibidas por todos los chilenos presentes en Río. Las fuerzas del orden, para completarla, chequearon con detectores electrónicos a cada espectador para asegurarse de que no portaran armas o elementos contundentes. Todo fue en vano. Roberto Rojas se opuso tenazmente a aceptar el orden y la hospitalidad que le ofrecieron. Y hasta el mismo presidente José Sarney, de fin de semana en San Luis de Maranhão, su tierra natal, se ofendió con él: ‘No tenía derecho a hacer lo que hizo. El comportamiento del público fue muy bueno, nunca intentó agredir a nadie’.

Del perito: “no hay pólvora”

Las imágenes que pasa una y otra vez la televisión sobre la acción polémica mientras escribimos esta nota nos confirman nuevamente que Rojas no tenía nada al caer. Pero si los chilenos jugaron rápido, los brasileños no se quedaron lamentando. Mandaron al camarín visitante cuatro médicos forenses para constatar las heridas acusadas y para certificar si pudieron provenir de la estela luminosa. Incluso convocaron de inmediato en su despacho al secretario de Justicia de la ciudad, amparándose en una ley nacional. El lunes por la mañana ya iba a estar redactado un escrito oficial de las autoridades para presentar ante la FIFA. En primera instancia, el perito que lo revisó no encontró vestigios de pólvora en la herida de Rojas.

Cualquier cosa que la FIFA decida, desde ya será criticada por ser brasileño João Havelange. Si no lo fustigan los chilenos, lo harán sus compatriotas. ‘Brasil va a agredir a Chile, pero con goles’, había anticipado el entrenador Sebastião Lazaroni. En eso estaba, no lo dejaron. El que acertó por completo fue Pelé, con quien conversamos antes del encuentro: ‘Si es un partido normal, gana Brasil, es muy superior. Si hay otros factores ya no sé…’. Tal cual”.

“Ah, claro, el enviado especial…”

Ese fue el artículo completo. Antes de continuar vale hacer algunas precisiones. El acierto periodístico fue verdaderamente obra de la casualidad: que viéramos caer la bengala detrás de Rojas cuando la pelota estaba a muchos metros de allí. Nos llamó la atención la luz que emanaba y por unos segundos nos distrajimos del juego para seguir su trayectoria. Así observamos con total claridad cómo el elemento pirotécnico cayó detrás del portero sin tocarlo y éste, al verlo, en lugar de apartarse se arrojó encima de él en actitud indiscutiblemente dolosa. Lo que no imaginábamos en ese momento era que Rojas estaba aprovechando la confusión generada por la luz y el humo del artefacto para zambullirse sobre él y ejecutar una treta que no se le ocurrió antes ni después a ningún futbolista en los millones de partidos que el fútbol ha tenido. El Cóndor quedó tendido como desmayado y de su frente manaba abundante sangre. ¿Fue una esquirla de la bengala…? No podíamos asegurarlo. Sí advertimos su sospechosa caída. Como si viéramos a alguien en un supermercado tomar un producto, esconderlo entre su ropa y escudriñar a cada lado si alguien lo ha pillado. Fue lo que nos dio la certeza del fraude.

No era una bengala marina de esas que surcan el aire a velocidad sino un haz de luz sin ninguna fuerza que fue descendiendo lentamente a medida que

en tendencia: columnistas marcasOpinión

Noticias Relacionadas

Brasil golea 6-2 a Panamá en el Maracanã en amistoso previo al Mundial
Internacional, Marcas

Brasil golea 6-2 a Panamá en el Maracanã en amistoso previo al Mundial

mayo 31, 2026
La Liga Superior Femenina de Voleibol se reanuda con el interparejas
Marcas, Polideportivo

La Liga Superior Femenina de Voleibol se reanuda con el interparejas

mayo 31, 2026
Blooming vence 0-1 a Oriente en la ¿despedida de Martins?
Fútbol profesional boliviano, Marcas

Blooming vence 0-1 a Oriente en la ¿despedida de Martins?

mayo 31, 2026
Parra gana el bronce y vuelve a romper el récord nacional
Marcas, Polideportivo

Parra gana el bronce y vuelve a romper el récord nacional

mayo 31, 2026
Sin sorpresas y con Muslera, Bielsa presenta la nómina de Uruguay
Internacional, Marcas

Sin sorpresas y con Muslera, Bielsa presenta la nómina de Uruguay

mayo 31, 2026
Omar Vargas brilla en el Guadalquivir Junior Open
Marcas, Polideportivo

Omar Vargas brilla en el Guadalquivir Junior Open

mayo 31, 2026

Noticias más vistas

Plugin Install : El widget de publicación popular necesita JNews - View Counter para instalarse

La Razón, medio de comunicación digital líder en noticias de Bolivia y el mundo, conecta a su audiencia a través de todas las plataformas digitales. Con una sólida presencia en redes sociales, programas de streaming innovadores, y el revolucionario e-paper, nuestro periódico digital inteligente, ofrecemos información confiable, ágil y al alcance de todos.

Síguenos en redes sociales:

Facebook
Twitter
Youtube
Instagram
TikTok
LinkedIn
Twitch
Threads
Whatsapp

Dirección: Colinas de Santa Rita s/n,
Alto Auquisamaña (Galpón de La Razón)
La Paz - Bolivia

Correo electrónico:
[email protected]

WhatsApp:
+591 71560184

© 2021-2025 COMUNICACIONES EL PAÍS S.A (Desarrollo web Arcadia SRL)

No Result
Ver todos los resultados
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Suplementos
    • MARCAS
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto