Hace más de diez años, en el verano boreal, solía ir a Santa María de Lezama a ver los entrenamientos pretemporada de Bielsa en el Athletic Club de Bilbao. Junto al actual técnico del inglés Leeds, estaba de asistente técnico Claudio Alejandro Vivas, ahora al frente del club Bolívar. Las prácticas eran un espectáculo, casi mejores que los partidos.
La exigencia física y táctica del tándem y su obsesión por la repetición dominaban las arduas horas de trabajo. Vivas llegó a estar 16 años bajo la sombra de su querido Bielsa. Ambos son rosarinos, ambos son “leprosos”.
Vivas comenzó su era posjugador como espía de los rivales de “Nuls” (Newell´s Old Boys) cuando todavía no había redes sociales, ni drones, ni se televisaban todos los partidos, cuando éramos felices.
Hace unas semanas, Vivas dio una entrevista y recordó su etapa en Bilbao, mi ciudad natal. No se acordaba de las dos finales en un mismo año a la que llegó por primera vez el Athletic Club (Copa del Rey y Copa UEFA, ambas perdidas, ante Barça y Atlético de Madrid, respectivamente). No se acordaba de la profunda huella dejada en la hoyada (en el “Botxo”) ni de aquella inolvidable temporada. Se acordaba de Javi Martínez, un jugador que llegó procedente de Osasuna por seis millones de euros y terminó siendo traspasado por 40 millones al Bayern de Múnich. Vivas, como Bielsa, se enorgullece de mejorar futbolistas, de hacerlos crecer individual y colectivamente hablando. Los títulos llegan —si es que llegan— después.
Sin lugar a dudas, ésta es una forma de estar en este mundo salvaje donde solo sirve la victoria, donde ser segundo es sinónimo de fracaso. El “doctor” Sócrates lo sintetizó así: “Ser campeón es un detalle”. Importa el viaje, no el destino final.
De todo esto me estaba acordando cuando leí en el periódico las dudas de Vivas sobre si poner de inicio al joven Víctor Ábrego —revelación del Preolímpico Sub-23 de Colombia de este año— o al español, recién llegado, Rey. Ábrego puede ser la llave para hacer saltar por los aires la defensa de Palmeiras este miércoles (20.30) de Copa Libertadores; puede ser el hombre ideal para el desborde y para generar los espacios y poner en práctica la presión alta y así dejar sin oxígeno al equipo que tiene a Jair Messías Bolsonaro como su hincha más conocido. Quizás, “Él” nombre sea Víctor.
(*) Ricardo Bajo es periodista






