La selección boliviana de fútbol juega contra Brasil y Argentina en el inicio de las Eliminatorias rumbo a Qatar 2022. La Verde ha trabajado — en un proceso inédito— durante casi dos meses. Hasta aquí las buenas noticias. Un club —presidido por un excapitán de la selección— ha retirado a sus jugadores de la concentración en un hecho inaudito y vergonzoso.
El gobierno de “transición” —a dos semanas de irse— ha amenazado con intervenir el fútbol. La sombra de un castigo de la FIFA que nos aparte de la competición se aproxima cada día más. Hemos llegado a pensar incluso que esa es la única solución: convertirnos en protectorado. Estamos retrocediendo siglos.
No hay fecha aún para la vuelta del torneo local. El sindicato de futbolistas ha denunciado oficialmente —sin pruebas— al técnico de la Verde pues éste supuestamente extorsiona a los jugadores que no son representados por una agencia cercana al propio Farías.
El seleccionador ha convocado una “conferencia de prensa” virtual tras seis meses de silencio pero a ésta no han podido acceder los colegas más críticos en un acto violatorio de la libertad de prensa. Farías ha dejado fuera de la convocatoria a los jugadores de Bolívar y Wilstermann, los dos únicos equipos en competencia. Y así, ad nauseam. El mayor enemigo del boliviano es el boliviano mismo.
Necesitaría todas las páginas de este periódico para enumerar una por una las malas noticias de nuestro fútbol, nacido para devorarse así mismo en medio de la melancolía y la destrucción permanente.
Ni siquiera la camiseta verde es capaz de unirnos ya a todos bajo una misma bandera. El fondo del pozo es interminable.
Contra Brasil y contra Argentina no estarán jugadores como Saavedra, Justiniano, Arce, Haquín, Jusino, Ábrego… Nos gusta dispararnos al pie y gastamos toda la energía en hacernos daño. No hay vacuna para esta enfermedad autoinmune.
Tenemos un universo escaso de jugadores a ser convocados y nosotros mismos —por egos, roscas e intereses particulares— nos empequeñecemos aún más. En 1823 Goya pintó el cuadro Saturno devorando a su hijo. Es un óleo de sus famosas Pinturas Negrasdonde el titán Chronos (en la mitología romana, Saturno) engulle la cabeza de una de sus wawas recién nacida por temor a ser destronado y sustituido. Somos una “pintura negra”. El fútbol boliviano sufre la maldición de Saturno.
(*) Ricardo Bajo es periodista






